Soy ungato (principal)

Filosofía gatuna: Soy un gato, de Natsum Sōseki

¿Qué nos podría decir un gato? ¿Qué revelaciones hay tras su ojo “mirón”? ¿Cómo observa nuestros asuntos cotidianos? Un gato, sí, un gato es quien nos cuenta una curiosa relación: la de él con su amo; un maestro de inglés y lector ávido de libros de diversa índole. ¿Qué dirá un gato si nos mirara y nosotros no supiéramos que nos mira? Estas preguntas bien pueden ser una puerta de entrada a esta novela del escritor japonés, Natsume Sōseki (1867-1916), recordado por ser uno de los novelistas más leídos en el siglo XX, no solo en Japón, sino también en Occidente.

El gato, alter ego del mismo Natsume Sōseki, nos dirige unas primeras palabras al inicio de la novela: “Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre”. Ese no tener nombre lo hace un gato especial entre todos los gatos. Va de aquí para allá, entre sus actividades diarias: mirar, comer, dormir; caminar. A veces habla en un tono irónico, en otros en un tono reflexivo y audaz. Es un gato que observa sin aparentemente ser observado. Es parte de las cosas que, valga decirlo, no tienen nombre. El mundo es un juguete que se mira con ojos individuales. El gato, “mirón”, tal vez, descubre en la familia que lo adoptó, la singularidad de una sociedad en decaimiento, perdida en banalidades y profundamente tonta.

Yo soy gato, publicada originalmente entre 1905 y 1906, revela las formas y costumbres de un pueblo que se debate entre el eterno conflicto de conservar lo tradicional o adoptar lo exterior, lo foráneo. El autor intenta representar la inestabilidad de la sociedad japonesa tras la Era Meiji (1868-1912).

Natsume Sōseki reflexiona, utilizando la figura del animal, sobre los valores tradicionales de Japón. El sintoísmo, por ejemplo, es considerado una práctica de experiencia con el misterio maravilloso; es una celebración a la vida. La espiritualidad sintoísta, al igual que el budismo zen, consiste en aprender a convivir con las cosas, a sentir que les pertenecemos y nos pertenecen. El gato llega a declarar, en uno de sus largos soliloquios, sobre su manera de vivir, la cual se aleja de los humanos con los que convive: “Yo voy a donde quiero y escucho lo que me parece oportuno escuchar. Luego saco la lengua y refresco mi cola y vuelvo a casa tranquilamente con mis bigotes erguidos”.

“Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre”

En la novela se equilibran los largos diálogos con el discurso crítico que emite el gato sobre la sociedad moderna. En algún momento de la narración, un personaje como Tatara recrimina la inutilidad de tener un gato en casa, ya que la mayoría del día se la pasa durmiendo y no se inmuta para ir a cazar ratones. Sin embargo, el gato responde a estas críticas, aflorando el espíritu zen, tan característico del pueblo japonés: “Yo no soy como ellos, un mero engranaje humano. Soy un gato, un ser extremadamente sensible a los más sutiles cambios en la mente o el alma del mundo”. Lo más natural para un gato es dormir, el reposo aclara la mente, relaja el cuerpo y concentra las fuerzas.

La lectura de esta novela nos depara momentos cercanos a lo burlesco y lo cómico, donde la condición humana aflora en su máxima expresividad. Tal vez el lente con el que observa el gato es uno muy preciso y agudo, ya que llegamos a observar a las personas que habitan la casa, como simples seres preocupados por nimiedades y cuyos intereses no alcanzan a satisfacer los grandes deseos por la vida. De los pasajes más interesantes, aunque todos tienen un color y una textura que nos atrae, no por su carácter exótico, sino porque revelan un matiz particular de nuestra condición, es el referido a un amigo filósofo que, al escuchar el relato de la pobre y triste vida del maestro, realiza una radiografía de la conciencia occidental y la compara con los modos de proceder de la civilización tradicional japonesa. Si los hombres encuentran un río hacen un puente; si una montaña les bloquea el paso, construyen un túnel, y si algo está demasiado lejos, plantan vías para que los trenes circulen. Los obstáculos son cada vez mayores, y, aun así, el verdadero problema de la insatisfacción no se resuelve.

“Yo voy a donde quiero y escucho lo que me parece oportuno escuchar. Luego saco la lengua y refresco mi cola y vuelvo a casa tranquilamente con mis bigotes erguidos”

Esta novela de Natusume Sōseki representa la visión de un gato sobre el mundo de los hombres. El hecho de otorgarle la palabra a un gato que no tiene nombre, que es a la vez todos los gatos, define las intenciones del autor en relación con su tiempo. Cada escritor escribe en su tiempo y para su tiempo. No puede estar al margen de la tradición histórica donde se funda su trabajo artístico. Soy un gato es una sátira contra la sociedad japonesa que a principios de siglo empezaba a recibir con anchas manos y sin discriminación, algunos de los más “altos” valores del mundo occidental. El gato se burla de los seres humanos con los cuales vive. Presenta, además, unos finos episodios de reflexión, en tanto observa con una delicada finura las maneras de vivir, hablar y moverse de estas personas. Esta novela es una mirada a la vida de la civilización que el hombre ha construido desde el ojo agudo de la vida de un gato.

La editorial Impedimenta ha hecho un trabajo juicioso y atractivo destinado a los lectores. No solo nos ofrece una obra símbolo de la narrativa japonesa del siglo XX, sino que pone en nuestras manos un libro agradable a la vista y al tacto. Acaso el cuerpo del gato esté en los contornos del libro y esto nos invite a acariciarlo como si estuviéramos cercanos al animal. Solo nos quedaría leer mirando y escuchando.

 

Wilson Pérez Uribe, Medellín, Colombia, 1992. Escribe poesía y ensayo. Estudia Licenciatura en Humanidades, Lengua Castellana en la Universidad de Antioquia. Algunos de sus poemas y ensayos han sido publicados en Colombia, España y México en revistas como Aurora Boreal, Suma Cultural, Otro Páramo, Periódico de poesía UNAM, Literariedad, Desván y Cronopio, periodismo cultural, entre otros. Tres de sus poemarios son El amor y la eterna sinfonía del mar (Hombre Nuevo Editores, 2011), Movimientos (Universidad de Antioquia, 2018) y Anatomía del cosmos (inédito).

 

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  1. No he leído este libro, voy a buscarlo. He aquí mi reseña sobre Un gato que venía del cielo de Takashi Hiraide: http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/el-gato-que-venia-del-cielo-de-takashi-hiraide

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