fbpx

Fedosy Santaella: «La novela es un híbrido monstruoso y fascinante»

Nadie en su sano juicio va caminando por la playa, se encuentra un dedo en la arena y lo recoge para quedárselo, me dije luego de terminar de leer El dedo de David Lynch. Esta premisa es lo que hace atractiva y divertida la más reciente novela de Fedosy Santaella, finalista del premio Herralde de novela 2013, y editada por la editorial española Pre-Textos. Una novela que también hace una dura reflexión a las posturas como asumimos el arte, sobre la banalización de lo pop, la muerte y la literatura.

El dedo de David Lynch es una novela de suspenso, pero también cuestiona la insatisfacción del hombre frente a su mundo. ¿Cómo conviven ambas posturas dentro de la novela?

– Vengo escribiendo desde hace rato novelas que se estructuran en parte con el gran cuadro que viene de lo detectivesco y que han desembocado en lo que llamamos hoy género negro. Me he sentido atraído por este género por años. Pero también, si te fijas en la secuencia de mi trabajo, te darás cuenta que nunca he escrito una novela policial en el sentido estricto. He tomado esa estructura que, creo, es la gran estructura de la novela en general: la novela es una búsqueda, la búsqueda de unas huellas, de una memoria, de algo perdido en nosotros. Así, partiendo de esta premisa, he jugado a combinar estilos porque, si no lo hago, me aburro enormemente.

–Flaubert decía que una novela es aquella que reflexiona ampliamente sobre sí misma y no aquella que se sostiene solo de su argumento. En su libro hay amplias reflexiones sobre diversos temas. ¿Qué busca la novela al enfrentarse con estos tópicos?

– La novela es un híbrido monstruoso y fascinante donde pareciera que cabe el mundo. Es una ilusión, pero es sabroso pensarla así. En esta novela todo está en crisis, como a punto de derrumbarse. En las crisis todo se mira, se piensa y se cuestiona. Mi intento fue sostener esa crisis con la cuerda floja de lo poético. Cada vez más siento que me aproximo a una escritura cargada de un lenguaje poético necesario que nos conecta con la realidad y trata no sé si de explicarla, pero sí por lo menos de fijarla en el lenguaje huidizo de la poesía.

«Si te fijas en la secuencia de mi trabajo, te darás cuenta que nunca he escrito una novela policial en el sentido estricto»

– Su personaje principal de la novela, Arturo, un estudiante de literatura que decide irse a vivir a la playa de Chirimena para vender pulseras, reprocha duramente cómo la gente asume que todo lo que se haga en nombre del arte, debe llamarse así. ¿Hace una crítica a la falsa postura postmoderna, asume que todo puede ser considerado arte?

– Arturo está harto de todo, incluso de él mismo. Pero de algo se dio cuenta: vayas a donde vayas, termines en el sitio que termines, siempre caerás en un molde, siempre te repetirás. Un estudiante de Letras que odia su propia carrera y lo expresa con cierto tono erudito poco está haciendo de original. Tan sólo repite, en su tiempo, lo que yo hice cuando tenía dieciocho años.

– La ciudad y el mar hacen un contraste de luz donde podemos observar con detalle cómo se esfuerza en crear tranquilidad con las descripciones de estos espacios.

– El paisaje es importantísimo, porque es una de las fuentes más profundas de lo poético. Ahora, qué jodido, ¿no? Hacer novela negra y poesía. Yo de verdad como que soy muy valiente o muy iluso. Pero eso fue lo que intenté hacer: escribir una hermosa novela negra que no fuese una novela negra, sino una novela que transcurre oscura y poética junto a la paz y la luz del mar.

– Visto el título y las alusiones al cine, ¿Cuál es el peso que tiene lo cinematográfico El dedo de David Lynch?

– La novela le hace justo homenaje a David Lynch, como espero que sea obvio. Terciopelo azul fue mi punto de partida. Escribí pensando en Lynch, pero también en Edward Hopper, ese maestro de la pintura, la luz y soledad a quien Mark Strand le dedicó un libro. Así que ahí tienes cine, poesía y además pintura.

«El paisaje es importantísimo, porque es una de las fuentes más profundas de lo poético. Ahora, qué jodido, ¿no? Hacer novela negra y poesía. Yo de verdad como que soy muy valiente o muy iluso»

– Aunque los personajes de esta novela pueden parecer sórdidos, también tienen un extraño sentido del honor donde su palabra y sus acciones tienen un peso fundamental en el desenlace de la historia. ¿Cómo ideaste ese atípico universo de principios por el que los protagonistas y antagonistas se rigen para vivir?

– Creo que nadie puede ser verdaderamente elegante si no ha conocido primero lo sórdido. Sólo puede ser elegante quien conoce sus demonios.

– ¿Es este tu libro más logrado o por el contrario crees que los premios literarios poco inciden en el carácter que las novelas puedan llegar a tener?

– Esa es una pregunta de muchas aristas. El premio Herralde es muy prestigioso y asumimos que lo que llega al final es porque realmente tiene calidad. Estoy leyendo justamente la novela ganadora de ese año: Muerte súbita de Álvaro de Enrigue. Da envidia de lo buena que es; se entiende que haya ganado. Pero no podemos generalizar con los premios. Hay otros premios de prestigio que en ocasiones apuestan a un mercado, a un público, hay premios literarios que alzan novelas que echan agua por todos lados, pero que interesan por algún tema o por la fama del mismo escritor. Así que no podemos generalizar. Y sí, creo que El dedo de David Lynch es mi libro más logrado.

– ¿Es el hombre un ser insatisfecho con todo lo que lo rodea por naturaleza?

– Si no fuese así no existiría la corrupción del poder. Mira a quienes nos gobiernan, no se cansan de robar. Insatisfechos con lo que ya tienen, siguen robando, cada vez quieren más y más. Pero la insatisfacción también nos impulsa a grandes cosas. Vargas Llosa lo ha dicho ya en alguna parte. La insatisfacción con lo que somos nos ha llevado al cosmos, a la física cuántica y nos ha hecho escribir grandes novelas. Arturo se sintió insatisfecho consigo mismo y me llevó a trabajar esta novela que has leído.

Alberto Sáez (@estonoesaqui) es editor, archivista y poeta venezolano. En 2013 fundó la Editorial Los Libros de El Fuego.

La imagen de Fedosy Santaella que acompaña este texto es del fotógrafo venezolano Vasco Szinetar.

Tags:
0 shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *