anatomia d emi padre

En Examen de mi padre, Jorge Volpi también hace la anatomía de su patria

La última vez que Jorge Volpi fue a visitar a su padre en la casa de retiro a donde él y su hermano lo habían trasladado cuando su madre se sintió incapaz de continuar atendiéndolo la cuidadora hizo algo extraño: “lo sentó sobre sus piernas, lo abrazó, le acarició el cabello y las mejillas”. En Examen de mi padre, el libro de exequias por su muerte, el autor mexicano describe la escena como “dos cuerpos ajenos, unidos, de pronto por la compasión” y compara esa imagen, la última que conserva de su padre, con “una suerte de Pietà”.

A medio camino entre una colección de memorias de juventud y un tratado de anatomía, Examen de mi padre vuelve sobre el motivo de la muerte del progenitor que han tratado escritores desde La invención de la soledad (1982) del estadounidense Paul Auster, hasta Tiempo de vida (2010) y La isla del padre (2015), de los españoles Marcos Giralt Torrente y Fernando Marías, respectivamente. Sin embargo, la obra del autor nacido en 1968 difiere en su abordaje erudito del tema que va acorde con el estilo intelectual que marca el resto de su obra –“a fuerza de que mis padres y amigos no se cansaran de recordármelo, yo siempre me he asumido como alguien ‘cerebral’”, explica–. El libro integra al recuerdo de la vida y del temperamento de su padre y al recuerdo de sí mismo como hijo, la reflexión sobre el deterioro político y social de México. Por eso advierte en le primer capítulo del libro, titulado “El cuerpo, o De las exequias” y que sirve de introducción a los otros seis: “Las páginas que siguen pretenden convertirse en un examen de mi padre: una disección de sus logros y caídas, sus enseñanzas y debilidades, sus carencias y odios. También en una anatomía de mí mismo y, sobre todo, en un examen de mi patria, este México doliente de las postrimerías del siglo XX e inicios del XXI. Una autopsia de esta nación de fantasmas y de cadáveres”.

 

En el nombre de la patria.

Aún si en el libro Volpi se declara un antiguo apasionado del psicoanálisis que ahora transita más bien la desilusión, durante mi lectura no pude evitar pensar en la teoría que Jacques Lacan denominaba “el nombre del padre” y con la cual designaba la función paterna como ordenadora. En el psicoanálisis, el padre no es un personaje real, el progenitor biológico masculino, sino una metáfora, un significante que identifica el límite entre lo íntimo y lo comunitario y transmite las leyes del grupo a cada persona. Esa función, permite que ese padre sea también identificado, por ejemplo, con instituciones como el Estado o la Iglesia, o con ideas como dios o la patria. Es en ese sentido que el también autor de Leer la mente: El cerebro y el arte de la ficción (2011) establece una comparación entre el deterioro físico y mental de su padre y el de México.

“México requiere una autopsia (…). Una anatomía que nos revele el modo en que destruimos el país en estos años. Pero preferimos olvidar o atrincherarnos en nuestra indiferencia antes que perseguir la verdad”

La raíz etimológica de la palabra “patria” proviene del latín patrius que deriva de patres y significa “padre” o “antepasado” y con el paso del tiempo llegó a incluir los significados de “familia” o “clan”, así como el de “tierra paterna” para identificar el lugar donde alguien nació o al que está ligado por vínculos afectivos. La conexión que ensaya el escritor es evidente. Si tomando la profesión de cirujano de su padre como metáfora articula el libro alrededor de la partes del cuerpo humano, al establecer la imagen del celebro que falla, debido a la arterioesclerosis y a la depresión, concentrado siempre en sí mismo y en “las ideas sobre su propio dolor que lo obsesionaban el día entero”, Volpi hace también un retrato de su país, al que identifica como construido en los años de pólvora: “México requiere una autopsia (…). Una anatomía que nos revele el modo en que destruimos el país en estos años. Pero preferimos olvidar o atrincherarnos en nuestra indiferencia antes que perseguir la verdad”.

A lo largo de sus páginas revisa sus recuerdos mezclándolos con casos espeluznantes de la crónica roja mexicana, como los asesinatos y las desapariciones forzadas cometidas en Iguala; el juicio a Mamá Rosa, la tan carismática como siniestra directora del hogar de niños La Gran Familia y las acusaciones de pederastia Marcial Maciel, el fundador de la orden religiosa Los Legionarios de Cristo. Por eso, Examen de mi padre es más que un réquiem literario, es también un diagnóstico sobre el presente de su país. Es un recordatorio de las estrechas relaciones entre poder y orden (el de la familia o el de la sociedad) y de la compasión como alternativa a la violencia. “La única manera de lograr que un cerebro se identifiquen con quien ha sufrido”, escribe en el libro: “es poniéndose en su lugar y ello solo puede lograrse mediante un relato de su experiencia”. Y al cerrar el libro el lector terminará convencido de que Volpi, al colocar el deterioro de su país al lado del de su padre, equipara su dolor de hijo de un hombre al del hijo de una nación, proponiendo a la barbarie la alternativa más antigua de la historia: la comprensión del sufrimiento de los demás. La imagen del anciano padre de Volpi sentado sobre las rodillas de su cuidadora se transfigura así en una representación antropomórfica del México que sufre –en los brazos de otro u otra– y que busca hacerse comprender en su padecimiento.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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