ELENA FORTUN

Elena Fortún, una escritora homosexual castrada por su tiempo

Nacida en 1886, Encarnación Aragoneses es el verdadero nombre de Elena Fortún, la escritora madrileña que se creyó una mujer fracasada por no haber sido finalmente la que todos quisieron que fuera. Nacida en el seno de una familia burguesa, tuvo escasas alternativas para decidir sobre su propia vida. Desde niña, fue un “chicazo” más interesada por libros y los “juegos de correr”, como ella misma los denomina en su obra, que por los vestidos y las tareas domésticas. “¡Si yo no quiero ser una madre de familia! Sólo quiero leer, leer todos los libros que hay en el mundo”, exclama uno de los personajes tras los cuales se esconde la autora. Pero su condición de “chica rara” fue insuficiente para rebelarse, por lo que tuvo que corresponder a las costumbres de una sociedad castrante que no le permitió siquiera comprender su verdadera identidad sexual hasta el final de su vida.

Encarna Aragoneses contrajo matrimonio en 1906 con un pariente lejano, Emilio de Gorbea, militar con aspiraciones literarias que dejó entre su legado la novela Los mil años de Elena Fortún, una obra en la que el personaje se trasviste y cambia de sexo en las distintas épocas por las que transcurre la historia. De aquí toma el seudónimo la autora antes de convertirse, para desgracia de su marido, celoso por no alcanzar el nivel literario de ella, en un nombre reconocido gracias al personaje de Celia, una niña traviesa y espontánea que cautivó al público infantil desde 1928. Elena Fortún, que estudió Biblioteconomía en la Residencia de señoritas, formó parte de la Institución Libre de Enseñanza, cuyo objetivo era “adelantar el reloj de España” a través de la educación, y más tarde, del Lyceum Club, una asociación femenina en la que participaron personajes tan importantes de las letras españolas como Clara Campoamor o Victoria Kent. María Lejárraga alentó a Elena Fortún a escribir literatura infantil.

La creadora de Celia, “el personaje infantil más importante de la literatura española” según la catedrática Nuria Capdevila-Argüelles, investigadora de la obra de Fortún, se convirtió en un fenómeno social. Desde la dificultad que supone erigirse bajo la voz de una niña, Elena Fortún elabora una crítica social que sólo al comienzo fue invisible a los ojos de la Censura, pues en una de las cartas que envía Fortún a Carmen Laforet, admiradora de la obra de la autora, cuenta que sus libros han sido prohibidos en España. Antes la Guerra Civil motivó el exilio de la autora, que se reunió con su marido en Argentina, donde vivió nueve años imprescindibles a la hora de conocer la importante contribución de su obra en la cultura del feminismo español a día de hoy.

Fue en su etapa del exilio en Argentina, donde trabajó como bibliotecaria gracias a la intermediación de Jorge Luis Borges, cuando escribió la novela de su vida. Oculto sendero, publicada en 2016 por la editorial Renacimiento, es una autobiografía novelada de la autora, que quería que el manuscrito fuera quemado. Así se lo solicitó a la escritora Inés Field, amor platónico de Fortún desde el exilio, que afortunadamente no se deshizo del libro. Bajo el seudónimo de Rosa María Castaños, Fortún cuenta su historia a través del personaje de María Luisa Arroyo, que es pintora y no escritora como lo fue ella, aunque ha de pasar por las mismas vicisitudes por las que ella pasó hasta encontrar su verdadera identidad sexual: el lesbianismo.

La obra es un atrevimiento que llama a las puertas de todos los preceptos morales de la época, asentados en la religión católica —siempre fue creyente pero rechazaba la hipocresía de la iglesia— y en sus instituciones, empezando por el matrimonio, del que dijo que era “esclavizante”. Cuenta con cinismo, incluso a veces utilizando el humor como herramienta, cómo la sociedad justificaba los deseos sexuales que sólo habrían de satisfacer los hombres —especialmente significativas son las escenas de acoso sexual, por más que en aquella época no se empleara el término—, mientras que las mujeres sólo podían aspirar a procrear, ser amas de casa o decentes esposas.

Oculto sendero es una proclama feminista, por más que Fortún siempre sintiera que por haber nacido solo una década antes se había perdido el verdadero movimiento. Estructurada en tres partes, la “Primavera” corresponde a la infancia, el “Verano” a la juventud, sujeta al matrimonio y a su desarrollo profesional, y el “Otoño” a la madurez, cuando comienza a comprender sus conflictos sexuales (fobia al coito con su marido, por ejemplo) y desarrolla la espiritualidad. El “Invierno” podría ser el capítulo del final de su vida, no incluido en Oculto sendero. En esta etapa mantiene correspondencia con autoras como Inés Field, a la que escribe en un viaje en barco a Estados Unidos, Matilde Ras, Carmen Laforet y una jovencísima Esther Tusquets. Por otro lado, el suicidio irrumpe en su vida primero a través de su marido, que en 1948 se quita la vida cuando ella viaja a España para tramitar la amnistía de él, y después con su hijo, con el que poco tiempo atrás había pasado unos días en Estados Unidos.

Oculto sendero es una proclama feminista, por más que Fortún siempre sintiera que por haber nacido sólo una década antes se había perdido el verdadero movimiento

Con todo, lo más significativo en los últimos años de la vida de Elena Fortún fue la aceptación de su verdadera identidad, gracias, además de todas sus experiencias vitales, a las lecturas de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, a quienes consideraba más convincentes que a Freud, eminencia de la psicología en aquellos tiempos. Las cartas a las autoras a las que amó, que vieron la luz antes de la publicación de la novela oculta, constatan el safismo de Fortún. Aunque más significativo que todo esto es lo que señala Nuria Capdevila-Argüelles en el prólogo de la edición de Oculto sendero, “un testimonio clave para el estudio histórico de la sexualidad y emancipación femeninas en la España de las vanguardias”.

La editorial Renacimiento, preocupada por ofrecer visibilidad a una de las autoras referencia del feminismo en el siglo XX, desenterró también en 2016 el otro manuscrito de la autora que aún no había visto la luz. Celia en la revolución es el libro que faltaba en la serie de Celia y que habría que insertar, supuestamente, entre las novelas Celia, madrecita y Celia, institutriz en América. Considerado un libro “muy antipático” por la propia Fortún al haber sido un encargo, no hay duda de que Celia en la Revolución presenta a una protagonista madura, decepcionada con la violencia del ser humano, aunque sin ofrecerse al servicio de ninguna consigna política. Según Andrés Trapiello, prologuista del libro, “es una de las grandes novelas sobre la Guerra Civil”.

Elena Fortún representa la lucha de las mujeres ante un mundo que aún se resiste a cederles el espacio que les corresponde. Una vida desdichada, marcada por la muerte de su hijo menor, por una enfermedad en los pulmones que acabó con su vida a los 66 años, y sobre todo por el armario del que no pudo salir nunca del todo por culpa de una sociedad que no conseguía superar ciertos dogmas. Admirada por autores tan importantes como Josefina Aldecoa, Francisco Ayala, Jaime Gil de Biedma o Carmen Martín Gaite, enamorada de la obra y obstinada en la investigación de su autoría, Elena Fortún destacó también por sus artículos de prensa de temática social en los que reivindicaba el pacifismo. Era una intelectual poliédrica. Murió en 1952.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

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