Egon Erwin Kisch

Escríbelo, Kisch, de Egon Erwin Kisch: Desde la trinchera a la barricada

Para Egon Erwin Kisch, Praga era una antigua vivienda llamada Bärenhaus, situada entre otras casas tan viejas como la ciudad. Allí nació y creció entre sus hermanos, todos pequeños hombres como él, con una atenta madre. Poco antes de la Primera Guerra Mundial, Kisch publica El pastor de tías, una novela protagonizada por un chulo. Kisch sabía de lo que escribía, pues había comido con gente como su protagonista para tomar apuntes del natural, y conoció a mujeres como la Jarda Chrapot de la novela, y a Paula, con la que bailaba el schlapak durante horas, en el Havrda.

El curso de sus días cambiaría con su llamamiento a filas. En Escríbelo, Kisch parece preocuparle poco la guerra, a la que ve como poco más que un buen tema para sus escritos: ha comprado un cuaderno con la intención de llenarlo con notas taquigráficas sobre cualquier cosa que pase. Cuando vuelva, sano y salvo, junto con su madre y hermanos podrá leer en voz alta episodios cómicos o aventureros, ahuyentando el sufrimiento.

Los soldados del Cuerpo de Ejército de Praga le ayudarán, sin saberlo o quererlo, a la redacción de este testimonio. Sus compañeros le animarán con un la frase “escríbelo, Kisch” que titula el libro. Al enterarse de que sus tres hermanos han sido movilizados, el autor se pregunta quién morirá primero, si es que ha de morir alguno, o si se volverán a reunir en el hogar materno para contarse las historias de la guerra.

 

La Gran Guerra y la literatura.

Después de la matanza de Milina, la guerra se convierte en huida. Cuando hacen un descanso, en el pueblo de Ub, ve como una campesina se aparta de una gitana, aunque ambas vagan errantes sin un techo en el que cobijarse. Ese espacio entre ellas significa que las diferencias de clase no han desaparecido, aunque la guerra haya borrado todo lo demás. También se codea con toda clase de personas, logrando una intimidad que nunca consiguió como reportero. Por la noche, tiene que dormir apretado en medio de dos cuerpos; a su izquierda, un economista, apoderado de una gran hilandería de Viena, y a su derecha, un ladrón y violento portero de un burdel del barrio de Malá Strana. Paula, la prostituta que conocía del Havrda, es una más de las que vienen a hacer la carrera a Zemun, cerca ya del Danubio. Aunque Kisch, cariñoso y alegre, la llama por su nombre, ella se para, lo mira con desprecio, y sigue su camino contoneándose. Él mira su propia figura, con sus ropas hechas trizas, manchadas y arrugadas, dándose cuenta de la importancia de las apariencias y del dinero en sus días de civil.

Antes de ponerse en marcha, el día de difuntos, llega el correo con una carta de su madre: solo tiene que leer un par de líneas para intuir que su hermano Wolfgang ha muerto. Aquel regreso al hogar, único final feliz posible a la guerra, juntos madre e hijos, ahora se desvela como imposible. El Kisch ocupado en sus placeres íntimos, el que sólo se limitaba a comentar la miseria de los demás, también ha muerto. Ahora comprende que ha de luchar contra los que han provocado el desastre. En el tren que lo lleva de vuelta a casa, Kisch no sólo decide que tiene que publicar su diario, sino que debe extender su lucha contra aquellos que les lanzaron a las trincheras durante los tiempos de paz. Al reeler sus notas, prefiere no corregirlas pues las correcciones parecen falsas. Mientras pasa las páginas, cada vez encuentra más manchas de sangre y borrones de tinta. La guerra y la vida en la literatura.

Años más tarde, Kisch será uno de los cabecillas de una revolución en Viena.

 

Antonio Palacios colabora con las revistas Estación PoesíaClarínLetraliaEl Coloquio de los PerrosAriadna y Revista de Letras, entre otras. Publicó Yo sombra, en 2018, un libro que se comprende de una novela, un libro de entrevistas, una guía de viajes, una sátira y un ensayo poético sobre la verdadera naturaleza de los sevillanos.

 

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