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Para Eduardo Halfon la memoria es la materia prima de la literatura

Existen quienes definen su vida por la permanencia; otros lo hacen en el trajinar de un lugar para otro. Eduardo Halfon es del grupo de los segundos. Cuando volvió a Guatemala tenía 24 años; desde los 10 años había vivido en Estados Unidos, a donde su padres se mudaron en la década de los ochenta, cansados de la desigualdad social, la guerrilla y la violencia latinoamericana. Apenas se había graduado de la carrera de Ingeniería y trabajaba en la empresa del papá. Para 1995 llevaba casi un lustro arrastrando la frustración de no conocer su país ni hablar bien su lengua materna. En vez de buscar psicoterapia o a un rabino optó por los estudios: entró en la carrera de Filosofía y Literatura en la Universidad Francisco Marroquín.

“Mi pasión por los libros fue inmediata. Me enamoré de la ficción de forma enfermiza. Antes de los 28 años no había leído en mi vida y comencé entonces con las lecturas la relación de un yonqui con las drogas. No había suficiente literatura para mí en el mundo; quería leerlo todo. Y el resultado fue comenzar a garabatear mis pensamientos en español”, explica el autor incluido en el primer grupo de Bogotá 39, en 2007: “No solo me tocó recuperar mi lengua, sino también aprender qué era literario y qué no. Luego publiqué mi primer libro, casi por accidente”. Se refiere a Esto no es una pipa, de 2003. En 2017, Jeckyll and Jill lo editó en España con el título Saturno.

“Antes de los 28 años no había leído en mi vida y comencé entonces con las lecturas la relación de un yonqui con las drogas”

No ha de ser una casualidad su inclinación literaria si a estas alturas tiene más de quince libros publicados. Su novela Duelo, editada por Libros del Asteroide, ganó la primera edición del premio de las Librerías de Navarra. El libro comienza con la necesidad de saber qué le pasó a su tío Salomón, el hermano mayor de su padre, muerto en la niñez y termina recorriendo varias pérdidas familiares. Su obra anterior, Signor Hoffman (Libros del Asteroide, 2015), recibió en Francia el premio Roger Caillois y fue finalista del premio Setenil en España y del premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez en Colombia. Otras obras suyas celebradas por la crítica son El boxeador Polaco (Pretextos, 2008) y Monasterio (Libros del Asteroide, 2017).

 

Ingeniería del recuerdo.

En estos más de 15 años de relación apasionada con la literatura, el autor ha desarrollado un estilo particular de narraciones principalmente biográficas con predilección por las formas breves como la nouvelle y el relato corto. Dice que no busca adrede lo sucinto. Pero ese es el rasgo característico de su ficción: la forma de una poliédrica concisión con un contenido donde se subraya el contraste de las diversas rutas de su herencia. Nació como el vástago de una familia hebrea en Guatemala, un país mayoritariamente cristiano, y vivió en Estados Unidos como miembro de la minoría hispana. Además, en su sangre judía se interceptan las herencias libanesa de sus abuelos paternos y la polaca de su lado materno. Entre las historias de aquellos y de estos, como las conocidas moviéndose de allá para acá construye sus narraciones.

El resultado es una obra sólida que habla de la identidad y se fundamenta en la arena movediza de los recuerdos. Halfón aclara que hasta publicar el quinto libro no tuvo consciencia de que la materia prima de su obra eran su herencia híbrida y la memoria, incluso la memoria errónea. “Es maravilloso el recuerdo para la literatura porque es como un hoyo que debes rellenar”, explica el autor sobre el uso de un recuerdo falso para su novela más reciente: “Duelo parte de un recuerdo y luego te vas dando cuenta de que era erróneo, un equívoco. Me parece maravilloso poder cambiar una información con solo unas palabras y crear un nuevo imaginario a partir de eso”. Para Halfon, Duelo cierra un ciclo o marca el fin de su experiencia literaria. “Siento que he aprendido a escribir públicamente. No creo que el silencio haya llegado aún, pero no me molestaría si no vuelvo a publicar un libro”, concluye.

“Es maravilloso el recuerdo para la literatura porque es como un hoyo que debes rellenar”

En cuanto a su rutina de trabajo, Halfon la desacraliza. Para él, lo primero es la escritura espontánea, luego viene el momento del ingeniero, cuando apela a las matemáticas en la construcción de las escenas, esas estructuras y andamios de la ficción. “Primero se impone la historia. Si trato de pensar hacia dónde voy, no llego a ninguna parte. Algo similar me sucede con en el piano. No sé leer música, pero toco de oído. Puedo escuchar una pieza y luego reproducirla con los ojos cerrados, pero si trato de hacerlo racionalmente, no puedo”, explica el escritor que vive adora con su esposa y su hijo de un año en la ciudad de Nebraska, en Estados Unidos. Pone como ejemplo la reciente Duelo, que tiene la intensidad de un cuento largo y puede leerse en una sola sentada. “La mayoría de las veces comienzo a escribir y no voy a ninguna parte”, se lamenta. Es en los raros momentos de la alquimia, que siempre lo agarra trabajando, donde se articula su literatura.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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