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En Una mujer inoportuna, Dominick Dunne narra las tensas relaciones del poder de la alta sociedad estadounidense

“¿Qué hace la gente poderosa con alguien que se ha vuelto inoportuno?” le pregunta Flo a su amante la única noche que salen a cenar en la ciudad. Ella apenas pasa de los 20 años y él hace años que cumplió los cincuenta. Pero su nombre es Jules Mendelson, un hombre “en la cima del mundo”, a quien Dominick Dunne describe como de “aspecto impresionante”, casado con una “magnifica” mujer llamada Pauline y “admirado de la forma en que los muy ricos son admirados en [Norte] América”.

Ambientada a finales del siglo XX, Una mujer inoportuna es una magnífica novela en la misma línea de El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald y La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe, sin el sentido trágico de la primera ni el talante satírico de la segunda. En lugar de ambientarse en Nueva York, lo hace en Los Ángeles. La novela comienza con un asesinato, que si bien sirve de marco referencial va perdiendo importancia a medida que avanza la trama del noviazgo inadecuado entre la joven camarera Flo y el magnate. La obra de Dunne es, en toda regla, un novelón, con un argumento mastodóntico y bien montado que engalana con una prosa que lleva la elegancia de la claridad.

 

La crème de la crème.

La pericia de su escritura se nota en la redondez de sus personajes, a través de los cuales pueden apreciarse los estragos de las tensas relaciones que suscita el hambre de poder. Así se refiere Dunne a un personaje secundario, el cronista social que narra con fruición la desgracia de los protagonistas: “Cyril Rathbone no olvidaba los desprecios. No tenía ninguna prisa. Sabía que llegaría a el día en que podría equilibrar la balanza”. Y así describe a una de las figuras centrales del libro, Pauline Mendelson: “Era una de esas personas plenamente integrada en los círculos de selectos de varias ciudades, aunque diera la sensación de no pertenecer a ninguno”. En ninguna descripción hay un adjetivo, ni una palabra de más, es un tratamiento de personajes estrictamente a través de sus acciones. Entre los personajes de Cyril y Pauline, sin embargo, existen todos los matices en colores que van desde la mala voluntad y cursilería del primero hasta la indiferencia y elegancia a toda prueba de la otra. Se trata de dos tipos humanos de la misma esfera social, pero que viven en mundos aparte. En los matices personales, por más menudos que sean, del mismo círculo social es donde mejor funciona la prosa de Dunne, quien fue un frecuente colaborador de la revista Vanity Fair.

Por esa razón, el mayor mérito de Una mujer inoportuna es el logrado perfil de la alta sociedad estadounidense, en donde no es lo mismo tener dinero que apellido. El tema no es nuevo para quien saltó a la popularidad en 1985, gracias a Las dos señoras Grenville, donde hace un retrato de esa misma clase social a través de un par de mujeres de distintas generaciones y que se consagró en 1993 con Una temporada en el purgatorio, donde describe a una familia poderosa aspira a que uno de sus vástagos llegue a ser presidente de Estados Unidos. Libros de Asteroide ha publicado las tres novelas con traducciones de Eva Millet, excepto la más reciente que correspondió a Pablo Mediavilla Costa.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

La imagen de Domick Dunne que encabeza esta nota corresponde a la portada del DVD biográfico del autor de 2008, After The Party [Después de la fiesta].

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