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Daniela Padoan

Daniela Padoan: “Todavía hay necesidad de comprender la estructura y funcionamiento de los campos de exterminio”

En Como una rana en invierno: Tres mujeres en Auschwitz, Daniela Padoan recoge los testimonios directos de Liliana Segre, Goti Bauer y Giuliana Tedeschi, tres mujeres que sobrevivieron al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. El libro publicado por Altamarea en España fue titulado a partir de una reflexión de Primo Levi sobre el aspecto de los presos en los campos de exterminio. Y su objeto es visibilizar la experiencia femenina que la historiografía del exterminio nazi ha tendido a dejar en un segundo plano, después de la experiencia masculina.

“Había leído los textos principales, los testimonios de Primo Levi, Jean Améry, Elie Wiesel, Ruth Klüger, Edith Bruck, pero nunca me había adentrado realmente en la historiografía del exterminio”, explica la también ensayista italiana: “El encuentro casual con Liliana, Goti y Giuliana durante la grabación de un programa de televisión para el cual escribía me obligó a desarrollar lo que contaban”. Eso la llevó a hacerse las tres preguntas que guían el resto de las cuestiones en el libro: ¿Cómo era realmente el barracón 27 de Goti, que estaba frente al camino que llevaba al crematorio? ¿Qué era Birkenau, en la constelación de los subcampos de concentración y en la estratificación histórica de la construcción de Auschwitz? ¿Quiénes eran los médicos que hacían experimentos, más allá de la ya conocida figura de Mengele?

Mientras iba escuchando sus historias, sentía que el elemento esencial del libro era la relación que se establecía entre cada mujer y ella. “Creo que les sucede lo mismo a los lectores. Ellos también están llamados a reforzar lo que yo llamo un pacto de escucha: merecer la confianza que depositan en nosotros los testigos”, reflexiona Padoan, quien prepara ahora un libro sobre la sumisión y la postura jerárquica de la cultura occidental que considera al animal, a la mujer y al esclavo como figuras de la dominación masculina.

 

—¿Existió una dimensión característica de la indignidad en los campos de concentración que afectó a las mujeres por su condición femenina?

—El campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, a diferencia de los campos de exterminio de la Operación Aktion Reinhard (Treblinka, Chełmno, Bełżec e Sobibór) donde la eliminación de la industria tuvo lugar en pocas horas, también tenía la función de utilizar el trabajo esclavo de los deportados, hasta la consunción. Las mujeres, que en su mayoría eran prácticamente adolescentes o en edad fértil, porque a los niños y a los ancianos los mandaban directamente a las cámaras de gas, estaban sujetas a las reglas crueles de los campos y sometidas a continuas selecciones entre vida o muerte. La sumisión a las SS y a las Kapo era total y era diferente a la que sufrían los hombres. Por ejemplo, las mujeres de aquella época, educadas en el pudor, sentían la desnudez forzada como una herida, mientras que los hombres, más acostumbrados a la promiscuidad de la vida escolar y militar, sufrían más la coacción a la humillación delante de los jefes del Lager. Eran heridas sexuales, un golpe a la idea interiorizada de feminidad y masculinidad, que se añadía a la abominación concebida y organizada en el fascismo nazi con el sistema de campos. Era normal que las mujeres no hubieran visto nunca desnuda a su propia madre; en los testimonios esto surge a menudo como un dolor íntimo, una violación inconcebible. No sé hasta qué punto está implicada la religión. Los tres testimonios que se recogen en el libro tienen una relación diferente con la propia pertenencia hebrea: Goti venía de una familia practicante, Giuliana formaba parte de la comunidad turinesa pero su educación era laica y Liliana estaba totalmente integrada: su familia era italiana desde hacía varias generaciones, nunca se había sentido hebrea hasta el momento en el que se la alejó de la escuela por culpa de las leyes raciales fascistas.

—¿Qué era lo más difícil para usted de afrontar sobre las historias que le contaban Liliana Segre, Goti Bauer y Giuliana Tedeschi?

— Pedir un testimonio de los momentos que nunca deberían haberse vivido: separarse de la madre en el andén de la estación sabiendo que sería la última vez, la vista de las hileras de niños frente a las cámaras de gas. Primo Levi escribió, a propósito de los soldados rusos que liberaron Auschwitz, que, al ver a los prisioneros macilentos, abandonados en el campo por las SS, sus rostros “parecían oprimidos, más que por la compasión, por una timidez confusa”, debido a la vergüenza en la que uno se sumerge cuando está obligado a presenciar o a someterse a un ultraje, algo que se siente como una culpa. Poco a poco, en los dos años que tardé en escribir el libro, la consciencia de todo aquello que debieron soportar se convirtió en insoportable, como si se lo hubieran hecho a mi madre, como si todos lo cargásemos a la espalda. Lo único que podía hacer era comprender que “esto ha sucedido”, como en el mandato de Primo Levi, y convertirlo en un aprendizaje indeleble, un instrumento para investigar nuestra cultura, que era capaz de concebir Auschwitz.

—¿Qué historias sobre la Shoah cree que hace falta contar?

—Edité un volumen que titulé Il paradosso del testimone [La paradoja del testigo], sobre la posición insostenible de quienes continúan viviendo y conocieron el exterminio en su propia piel y que ven repetirse los pasos que condujeron a ese precipicio: la indiferencia, el uso de categorías que separan a los seres humanos, el racismo y también una cierta actitud hacia la historiografía que durante mucho tiempo convirtió al testigo en una “fuente” para ser utilizada e investigada, objetivándola sin respetar totalmente el abismo del que provenía su voz.

Hay miles de testimonios y de ensayos históricos sobre la Shoah, pero, como dice Goti Bauer, nunca se ha leído suficiente. Creo que todavía hay necesidad de comprender la estructura y funcionamiento de los campos de exterminio, como mataderos industriales. Hay excelentes libros, piedras angulares, como los del historiador Yitzhak Arad, lamentablemente poco traducidos.

En cuanto a mí, sobre las mujeres he escrito un libro que cuenta la vivencia extraordinaria de las madres argentinas de la Plaza de Mayo. Los desaparecidos fueron catalogados y asesinados por una dictadura genocida alimentada por la ideología antisemita. Muchos oficiales de las SS, entre los que estaba Eichmann, se habían refugiado en Argentina y habían implantado la ideología fascista nazi. Las Madres consiguieron enfrentarse a un régimen criminal utilizando irónicamente la estructura patriarcal y elevando la hermandad a forma de lucha.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

El retrato que acompaña esta entrevista es de Nicky Persico.

 

 

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