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El Gran Misterio: Cesar Aira en su enorme mínima expresión

El gran misterio es una muestra más del talento de César Aira. Se trata de su libro número cien. “Cualquiera puede escribir una novela”, dicen varios de sus personajes a lo largo de sus libros. El autor argentino nacido en Coronel Pringles el año de 1949 insiste en ubicarse en el centro de una galaxia. Un lugar al que cada dos por tres se la da por arrojar una minúscula parte de sí, un asteroide que a la velocidad de la luz va recogiendo trama, personajes, objetos, hasta formar parte de su universo literario. A estas alturas, Aira es considerado no sólo un adalid de la literatura de vanguardia, sino—como alguna vez Roberto Bolaño afirmó— uno de los mejores autores de Latinoamérica.

El novelista argentino es el Marcel Duchamp de la literatura latinoamericana, un experimentalista que sigue un credo de improvisación y movimiento hacia adelante, tramando y publicando al menos dos novelas cortas por año. Aira escribe a toda velocidad, yendo a donde las palabras lo llevan, en un estilo que llama “vuelo constante hacia adelante”, por eso leerlo es una experiencia vertiginosa. Por encima de todo, le preocupa la forma en que el arte se relaciona con la realidad y responde a esta pregunta desde todos los ángulos, con la fuerza de su intelecto e imaginación fértiles.

Por lo general las obras de Aira son confecciones densas e impredecibles entregadas en un estilo sencillo y lírico capaz de acomodar su afición en mezclar metafísica, realismo, literatura pulp e incongruencias dadaístas. Esta gran cantidad de libros ha generado una mini industria en Buenos Aires, que involucra a editoriales pequeñas, así como otras más establecidas. “Publicar primero, escribir después”, fue un dictamen del mentor literario de Aira, el fallecido poeta argentino Osvaldo Lamborghini. Este es precisamente el tipo de broma que Aira ha aceptado como una especie de dictado estético. Una literatura en la que cada afirmación sugiere observaciones opuestas e incluso casuales, en que la abundan los giros e inversiones en la trama.

De El gran misterio se pude contar que está ambientada en el “clima positivista” del siglo XIX, pero como en toda propuesta airana, el dato no aporta mucho. Lo que interesa es sumergirse en sus narraciones extravagantes, de asombrarse por la persistente exploración sin otro motivo que el puro placer estético.

Un científico que practica la lógica del azar; una mansión con reminiscencias góticas; una hija adoptiva de la que poco sabemos; un par de abogados que se esfuman en pleno trámite de divorcio; una esposa que teme la creación de un rayo desintegrador destinado a aniquilarla; un genio que duerme de pie y habita en el protagonista; un invento revolucionario que el tiempo ha transformado en algo habitual. Con esos componentes se establece El gran misterio.

El objetivo de Aira no es derribar puertas, sino probar muchas teclas al azar, reducir lo desconocido, pero no antes de reflexionar sobre el libro. Nada le gusta más al autor que explorar el funcionamiento oscuro de la mente, pero también escribe escenas de gran belleza prosaica. En cierto modo, cada uno de sus libros funciona como un corpus, un conjunto de elementos dispares que se revelan solidarios por su mera proximidad, objeto de estudio, hasta que se descubre a sí mismo en el conjunto.

 

Gustavo Leyton Herrera ha ganado varios concursos de excelencia literaria y en Mayo de 2017 publicó su primera obra, Relatos de un artista recóndito (Editorial de Los Cuatro Vientos).

 

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