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En Audacias femeninas, Carlos García Gual revisita el ingenio de las grecolatinas

El problema de revisitar los textos clásicos es el esquema fijado que las historias de la literatura —también el cine y las series audiovisuales— han depositado en nuestra memoria. Podemos, por ejemplo, reconocer a los héroes de Troya: ese Aquiles que en nuestro imaginario se revela como el famoso actor de Hollywood; o ese ¡Héctooor!, que todavía resuena frente a la ciudad amurallada de alguna película. Otros hablarían de Helena —¿la seguirán condenando?—. También se asoman a la retina del recuerdo los carteles teatrales que anuncian las tragedias de Antígona, Electra o Medea. Si esas mujeres alcanzaron la calidad de título debieron ser importantes, pensamos. Los clásicos grecolatinos se infiltran en nuestro día a día, conscientes de ser la base de toda la cultura de occidente, aunque nunca es mal recibido un soplo de aire fresco en la cara de nuestra memoria cultural, del canon. La colección de ensayos titulada Audacias femeninas. Mujeres del mundo antiguo recoge del olvido a varias mujeres, con el objetivo de ensalzar las actitudes que adoptan ante circunstancias del todo adversas.

Su autor, Carlos García Gual es catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, además de escritor y crítico literario. En Sirenas: Seducciones y metamorfosis (2014) ya se dedicó a revisar personajes femeninos de la antigüedad clásica. Audacias femeninas es una reedición ampliada que hace Turner Libros de la publicación hecha en 1991 (y reimpresa en 1998) por Editorial Nerea. La nueva obra se divide en dos partes: la primera corresponde propiamente a la citada reedición y la segunda, más corta que la anterior, añade tres nombres a su índice. Su subtítulo es “Mujeres del mundo antiguo”, ante el cual uno podría pensar que se expondrán historias de mujeres de la vida real —un libro así sería conveniente—, pero el autor ha preferido figuras del teatro griego: Antígona, Electra y Medea. En los apartados se cuenta la historia de cada una y la alterna entre el resumen de la obra o el fragmento en que aparece el personaje —siempre de forma concisa, aunque a ratos se vuelve repetitivo cuando el argumento de la obra ya ha quedado marcado—. Una técnica que aporta dinamicidad a la lectura es la inclusión de extractos de los originales (traducidos); pero quizá la interpretación crítica de esas “audacias femeninas” sea la parte más enriquecedora.

García Gual señala varias veces que los autores de las obras incluidas pecaban de pensamientos machistas. Pero, si todavía el pensamiento misógino permanece como defecto en nuestra sociedad, ¿qué esperamos de esas épocas? Ante la opinión de autores como el de Vida de Santa Tecla, que declaraba que “nada hay, en efecto, tan decoroso para las mujeres, nada tan apropiado a ellas como el silencio y el estarse quietas”, advertimos que los personajes de sus obras se adelantan a su propio tiempo. Concretamente, Santa Tecla no se caracterizó por estar callada ni quedarse en casa, sino que tomó sus propias decisiones, con completa libertad. De hecho, todas estas mujeres “audaces” encuentran la habilidad necesaria para manipular el tiempo que les ha tocado vivir y subvertir los roles de género. Un ejemplo es Ismenodora, que se apropia del tradicional papel masculino del cortejo y es ella la que selecciona a su futuro marido. Otras controlan su sexualidad, como Tecla y Leucipa, y Talestris, la reina de las Amazonas, controla su maternidad; Ifigenia, por su parte, llega a decidir sobre su propia muerte.

La selección de los textos es dispersa en cuanto a los años y los lugares de origen de las mujeres analizadas, pero todas ellas son dueñas de su vida y su cuerpo. Ese privilegio no es posible para todas las de su entorno, cuyo respeto siempre está sustentado, por ejemplo, por la casta, la viudedad —o, en el caso de Tecla, por los sucesos milagrosos—. Estas mujeres son libres, incluso, del propio destino, permitiéndose el final feliz a pesar del paso inexorable del destino que otras heroínas como las mencionadas Medea, Electra y Antígona no pudieron disfrutar. Todas las personalidades de estas “audaces féminas” parecen aspirar a la idea platónica, como se señala García Gual en el prólogo, de “esa utópica República [en la que] el sexo no marca el destino”.

 

Paula Mendieta Martínez (@Mendieetta) es codirectora de la revista Contrapunto y responsable de su sección Polifonías, de poesía y ensayo.

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