Jesús Marchamalo

El caos y la lectura en Jesús Marchamalo

El escritor y periodista cultural Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) es un lector desordenado. Confiesa que puede “tener entre manos cuatro libros a la vez”, y al poco tiempo se olvida de uno, rescata otro, y el que corre más suerte se impone sobre los demás. Lejos de lamentarse, subraya la virtud de “esta forma de leer caótica”, que “te permite descubrir muchas cosas que leyendo de una manera ordenada quizás no descubrirías”. El autor de Tocar los libros (Fórcola Ediciones) es partidario de “la literatura del disfrute”, gozar de los libros de la forma que sea, a sabiendas de que la lectura anárquica puede apartarlo de algunos matices. Pero “qué más da. La vida en general es desordenada, todo es casual, accidental”.

Su profesión como periodista cultural, que le ha granjeado reconocimientos tan prestigiosos como el Premio Ícaro en 1989 o el Miguel Delibes de Periodismo en 1999, lo ha convertido en este perfil de lector. Siempre con más de un libro a cuestas, desde 1979 recorre platós de televisión —ha pasado la mayor parte de su carrera en Radio Televisión Española—, cadenas de radio —actualmente colabora en los programas La estación azul y El ojo crítico de RNE— y redacciones de revistas y periódicos —ha escrito artículos para la revista EÑE y ABC Cultural, entre otras—, pero aún rescata tiempo para leer en algún banco de algún parque cualquiera. La consagrada reputación como lector que hoy ostenta se debe a la sensibilidad con la que se ha acercado a otros autores u obras a través de los libros que ha publicado. Con todo, Marchamalo es dueño de un estilo muy reconocible, por más que sus textos no sean profundamente creativos.

El libro más reciente de Marchamalo es un cómic sobre la biografía de Julio Cortázar, referente imprescindible en las lecturas del periodista, un apasionado de los autores del boom latinoamericano. Cortázar, con ilustraciones de Marc Torices y textos de Marchamalo, acaba de ser reconocido como Mejor Cómic del año para los libreros navarros y, al mismo tiempo, merecedor del Premio Festival de Cómic de la Comunidad Valenciana. “Ni soy un experto en cómic ni lo consumo de manera habitual”, reconoce, y de hecho se trata de su primer trabajo al respecto. Pero cada año publica un libro ilustrado en la editorial Nórdica sobre algunos de sus autores favoritos: desde Kafka hasta Fernando Pessoa, pasando por Baroja o el propio Cortázar.

«La vida en general es desordenada, todo es casual, accidental»

Todos los libros de Marchamalo están poblados de imágenes. Ya sean fotografías o ilustraciones, al escritor le interesa la mirada que proyecta lo visual sobre las historias que cuenta. Así explica el periodista el auge de los libros ilustrados en una época en la que tanto se privilegia la imagen: “No me parece una moda mala. Resulta que en los últimos diez años hemos sido conscientes de que el libro, como objeto físico, podría desaparecer. Y esa amenaza ha coincidido con un conjunto de editoriales independientes que editan los libros más bonitos que yo he visto nunca editados”. Al mismo tiempo celebra que este hecho haya provocado, además, “que los más jóvenes se hayan acercado a los clásicos gracias a las ilustraciones”.

«Resulta que en los últimos diez años hemos sido conscientes de que el libro, como objeto físico, podría desaparecer. Y esa amenaza ha coincidido con un conjunto de editoriales independientes que editan los libros más bonitos que yo he visto nunca editados»

Precisamente el proyecto Bibliotecas de escritores, una serie que publica por volúmenes la editorial Siruela, no tendría el mismo sentido sin el acompañamiento de las fotografías sobre las bibliotecas de los autores a los que visita. Al borde de concluir el tercer libro de la serie —consta de veinte entrevistas, como los dos anteriores—, Marchamalo aún se sorprende de que una idea “tan maravillosa y tan sencilla” no se le hubiera ocurrido a nadie antes. El periodista “indiscreto”, que ha husmeado en los rincones íntimos de autores como Mario Vargas-Llosa, Luis Landero, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Javier Marías, Elvira Lindo o Arturo Pérez-Reverte, asegura que hay una magia especial en los códigos de ordenación de una biblioteca.

Si, como dijo la escritora Margarite Yourcenar, “una de las mejores maneras de conocer a una persona es observar sus libros”, Jesús Marchamalo ha querido ir más allá. Al “inspector de bibliotecas”, como le bautizó el poeta Antonio Gamoneda, le interesa, a la hora de acercarse a los autores, profundizar en los pequeños detalles más que en la parte biográfica de sus vidas que todos conocen. La manera ya mencionada de catalogar los ejemplares, los objetos que pueden ser recuerdos junto a determinados libros, etc. Y, por supuesto, cómo los autores se desplazan o se deshacen de sus libros. El periodista desvela que Landero, por ejemplo, lleva los que más le interesan en el asiento trasero del coche “para tenerlos cerca”, y cuando quiere quitarse otros de encima los deja en los bancos de una plaza que hay cerca de su casa. Otros los donan a ONGs.

Marchamalo no se considera un bibliófilo, como lo han etiquetado en alguna ocasión. Tan sólo “un buen lector que tiene libros en casa”. No sólo va “en busca de ediciones bonitas”, aunque sí se muestra orgulloso de conservar en su biblioteca un ejemplar de las Nuevas canciones de Antonio Machado que no cambiaría casi por ningún otro. Lo hojea cuando puede y se detiene en algún fragmento, es su forma de leer. Cree que “no sólo hay edades para la lectura”, también existen momentos que condicionan la experiencia: “si es invierno, verano, estás de viaje o tumbado en la cama”.

Por ejemplo, disfruta la sensación de estar encerrado en la Biblioteca Nacional por ser un lugar en el que “no puedes entretenerte” con elementos ajenos. No obstante, “allí no leo novelas, sólo trabajo”, asegura quien ha escrito allí el comienzo de buena parte de sus libros. Por otro lado, “no me gusta subrayar con bolígrafos, si acaso meto fichas dentro de los libros. Eso sí, siempre me gusta leer con un lápiz en la mano, aunque no anote nada”, confiesa.

«Soy incapaz de hacer una crítica porque requiere una serie de conocimientos de los que carezco. De todos los libros de los que hablo tengo una opinión positiva al respecto. Si no, prefiero no hacerlo»

Jesús Marchamalo no sabría asegurar con contundencia si se siente más orgulloso de su reputación como lector o como periodista cultural. Lo que sí tiene claro es que no se considera un crítico literario, sino un reseñista al que no le obsesiona alcanzar el prestigio. “Soy incapaz de hacer una crítica porque requiere una serie de conocimientos de los que carezco. De todos los libros de los que hablo tengo una opinión positiva al respecto. Si no, prefiero no hacerlo”, dice. Además, reconoce la dificultad para abordar la crítica desde un punto de vista objetivo, requisito imprescindible para llevar a cabo esta disciplina. “Es complicado hacer crítica cuando el crítico forma parte del tejido editorial. Por ejemplo, si una editorial te invita a pasar tres días en Estados Unidos para la presentación de un libro, es altamente improbable que vuelvas contando que el libro no te ha gustado”, concluye.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares.

El retrato de Jesús Marchamalo que encabeza esta nota es cortesía de Fórcola Ediciones.

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