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La memoria y los adefesios en los cuentos de Gloria al amor sombrío de Byron Salas

En el bíblico Libro de Daniel, el profeta interpreta en un sueño el significado de una estatua hecha de diversos metales. Cada metal representa un imperio y es destruida por la llegada del imperio eterno de Dios. Esto puede ser una de las primeras manifestaciones de un ser monstruoso como símbolo, portador de un mensaje. La tradición será larga, del catálogo de monstruos en los cercos dantescos al terror cósmico de H. P. Lovecraft.

La memoria es el fundamento de los trece relatos que conforman Gloria al amor sombrío (Encino Ediciones, 2019) del costarricense Byron Salas. Por ello, los recuerdos son como adefesios, subhumanos, en parte animal, como encarnación mitológica de actos bestiales, que se desenvuelven en un gótico sureño de incestos y actos perversos. Pero, a pesar de esta impresión, no creo que el terror sea lo que sostenga a esta recopilación, porque resulta ornamental y repetido (el gore de tripas y sangre en paredes). Son, sin embargo, la representación del eje del libro: la fatalidad de estas personas del subsuelo, capaces de hechos peores que los adefesios.

Cabe destacar el estilo de los cuentos capaces de ambientar con frases de este tipo: “encuentro ascensores…como si fueran estómagos que digieren para los edificios, he visto pequeñas osamentas de gato, incluso cráneo de ave”, o de meditar así: “querer morir no es más que querer vivir, se vive en la muerte (…) no se muere nunca, no se muere a menos que vengan enfilados, uno detrás de otro, los golpes de amnesia que son el páramo o el infierno de la vejez”.

En los relatos “El redentor”, “El patio de abajo” y “Susy”, la situaciones familiares terribles (en los primeros dos el incesto y en el tercero una maternidad inhumana) se encarnan en un monstruo. En los del incesto el adefesio observa desde fuera, representando el temor colectivo de la familia por que se descubra su secreto maligno. Por el otro lado, “Susy”, recuerda al cuento “El huésped” (1928) de Amparo Dávila, pero en vez de referirse a un marido cruel, las protagonistas son una madre posesiva y una hija que solo espera la herencia de una casa que viene con una carga insoportable.

“No se muere nunca, no se muere a menos que vengan enfilados, uno detrás de otro, los golpes de amnesia que son el páramo o el infierno de la vejez”

Los cuentos “Restos”, “Pájaros de arena” y “Órgano” presentan los actos perversos que también devienen de la demencia sexual; pero lo monstruoso proviene de sí mismos: no es externo al humano. Los personajes se mutilan a sí mismos, mandan a sus descendientes a la muerte sea con la magia negra o el cuchillo.

Agrupo los relatos restantes porque, aunque se mantiene presente la memoria y la muerte, se aleja de esa violencia hecha ritual de los anteriores, porque los personajes son más testigos. Además, son piezas más sólidas a nivel estilístico. En “Papá” tenemos una parábola del trabajo convirtiéndose en muerte. “La parda espuma de la playa” constituye una reflexión sobre la pérdida, “un intento por encontrar la sombra de esa persona que se fue y quedarse con la sombra sin seguir sedientos de sangre”.

“No hay patrones en el patio de la memoria, a lo sumo llegan los espolones esquivos de la estrella, escarbando en líneas quebradas”

“Zacate estrella” es una contemplación del espacio y el recuerdo, una botánica alegórica que es la pieza más deleitosa en cuanto a lenguaje, presentando oraciones como estas: “No hay patrones en el patio de la memoria, a lo sumo llegan los espolones esquivos de la estrella, escarbando en líneas quebradas”, “las figuras de mármol yacen frías ante el sol y no saben que las manchas de la humedad son seres tristes que dibujan gritos cuando nacen”. “Amor” representa una pérdida amorosa, imposible, sobrehumana y da pie a una construcción sobre la ciudad como un ente que causa una soledad terrible. Por ello, se describen los edificios como “mudos”, masas de ladrillos, barcos como “fantasmas” y una blancura que “corrompe”.

Los trece relatos escritos por Byron Salas en Gloria al amor sombrío son como pesadillas donde la memoria se descompone en adefesios, en incesto y corrupción, pájaros de embrujo, los colmillos caninos de los duendes, el hombre simio de la montaña, en soledad fatal. Es claro la necesidad del sacrificio, por eso en casi cada relato hay muerte, desaparecidos y sobre todo sangre, como forma de intentar redimir los actos terribles que presenciaron o cometieron los personajes. Sin embargo, la virtud de los relatos no son estos adefesios, sino la capacidad de retratar los actos subhumanos sin perder dominio del carácter narrativo.

 

Roberto Cambronero Gómez ha publicado el cuento “La novela perfecta” en la Revista Almiar y “La sombra del astrolabio y el veneno” en Letralia. Ganó el concurso UNA-Palabra 2015 en la rama de teatro con El insólito rapto de Doña Inés.

 

  

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