Aniela Rodríguez

En El problema de los tres cuerpos, Aniela Rodríguez persigue su herencia rulfiana

El escritor mexicano Guillermo Sampeiro definía al cuento como “un relato breve que remueve a profundidad el espíritu del lector, dejándole una marca indeleble y perdurable en su existencia” y consideraba que sin conflicto interno, no existía arte. En su “teoría de los dos hilos”, el argentino Ricardo Piglia ofrecía una guía más clara para la construcción de narraciones breves a partir de sus apreciaciones sobre lo externo y lo interno. Señalaba el autor de Respiración Artificial que en el cuento clásico se narran dos historias: la que leemos y la que se construye, casi sin que nos demos cuenta, en el seno de la primera. Esto quiere decir que, en realidad, el cuento no existe: es aquello que palpita como una intuición dentro de lo narrado.

Ninguno de los nueve relatos de la colección El problema de los tres cuerpos de Aniela Rodríguez apela a la propuesta de Piglia sobre el cuento dentro del cuento. Y los conflictos internos que subraya su compatriota Sampiero se diluyen en la recreación de la atmósfera viciada de la cotidianidad mexicana. El retrato que hace el libro de los narcotraficantes, las prostitutas y las personas que viven en las clases marginales de esa sociedad no representa ninguna novedad, pero lo importante allí es el juego con las voces en primera persona y los puntos de vista, como el del sicario que narra “Los dioses momentáneos” en segunda persona. Al hombre que (presumiblemente) él está apunto de matar le dice: “Tu miedo no se parece en nada a esta locura: demasiada porquería en muy poco tiempo. Es como entrar a una carnicería de la que sabes que no saldrás en un buen rato”.

 

El trecho entre Rulfo y Rodríguez.

Siempre estará, por supuesto, Juan Rulfo. También en las estructuras de sus narraciones hay pocas líneas argumentales que no contemplan muchas complicaciones y cuyos personajes no se dibujan completamente. Pero Rulfo es un clásico. Si bien en la contraportada del libro publicado por la editorial minúscula se relaciona el estilo de Rodríguez con el del autor de Pedro Páramo, la herencia no es tan directa. El estilo rulfiano que persigue Rodríguez en estos cuentos se diluye: para llegar a El problema de los tres cuerpos hay que pasar primero por Xavier Velasco y Guillermo Arriaga. Porque lo importante en de la narrativa de Rodríguez es el retrato de la violencia como legado de las luchas de poder en México. Es por eso que las reflexiones sobre el significado del miedo o el intento por definir cómo se siente estar aterrorizado atraviesan a todos los cuentos del volumen.

“Tu miedo no se parece en nada a esta locura: demasiada porquería en muy poco tiempo”

El cuento mejor logrado de la colección es “Instrucciones para perder los zapatos”, el único en donde la autora describe el mundo íntimo de un personaje que se encuentra en coma en un hospital, después de un accidente en el trabajo. “El miedo más grande no llega cuando uno quiere, dijo Elías entre dientes, pero ya nadie escuchaba”, es la reflexión que le acompaña al protagonista a lo largo del cuento.

El primer libro de cuentos de Rodríguez, El confeccionador de deseos, ganó en 2013 el premio Chihuahua de Literatura en la categoría de cuento y el sello mexicano Ficticias lo publicó en 2015. El año pasado, ella fue elegida miembro del grupo “¡Al ruedo! Ocho talentos mexicanos”, diseñado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para promover la literatura de la generación más joven de autores de su país.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora de la novela Malasangre (Anagrama, 2020)del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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