Un amor (foto principal)

Un amor, de Alejandro Palomas, una historia de redes familiares

La familia es un tema frecuente en la literatura. Y Alejandro Palomas lo escogió como núcleo de Un amor (Destino, 2017), la novela que ganó la 74 edición del Premio Nadal 2018. Allí cuenta la historia de Amalia, una madre que se mueve en dos escenarios emocionales. Por un lado, el de una mujer dócil, entregada a una rendición conyugal durante décadas. Por el otro, una persona que a los 73 años de edad decide librarse de ese yugo, pese a las heridas que le causó. “Mamá creció así, se crio así: aprendiendo a callar y a reírse de sí misma para que la risa ajena no doliera tanto. Callar para que no te vean, atenta siempre a no destacar”, escribe el autor nacido en Barcelona en 1967: “Tuvo que elegir a una edad en que nadie debería hacerlo y eligió mal, porque eligió intentar que la vida reparara en ella lo menos posible, que pasara de largo y no doliera (…). Después llegó papá y ya no hubo marcha atrás.”

Algunos títulos de novelas del autor catalán son títulos breves, apenas un artículo y una sustantivo alrededor del cual parece girar la historia: Una madre (2014), Un hijo (2015), Un perro (2016), y ahora, Un amor. Sin embargo, con elm ñas reciente, el sustantivo es muy abstracto como para decir qué cuenta la historia. Antes de leerla, podríamos imaginar que trata de una relación de pareja, pero lejos está de ser una novela de visos románticos. Es una historia de amor, sí, pero es más bien el intento por olvidar el desamor del pasado.

Amor de madre.

Palomas relata el universo de un amor familiar, el de Amalia y sus tres hijos, Silvia, Emma y Fer, y todo lo que se entreteje en él, usando un lenguaje resguardado de emoción. La boda de Emma, que coincide con el cumpleaños de Amalia, sume a la famlia en un mar de tareas. En medio de ese ardor organizativo una noticia irrumpe en la familia, y los deja a todos dentro de un remolino emocional que probará la fuerza y la capacidad de decisión de cada uno y de todo el grupo.

En Un amor, cada miembro representa un posibilidad. Emma es la mesura y la infinita ternura; Silvia, la fuerza y el arrebato de sus emociones, un volcán siempre a la espera de la erupción y Fer, la mirada sensible sobre todo, en especial su madre, Amalia. Además están la tía Inés y Magalí. La primera da a todo su propio color, es moralista sí, pero también es el pilar de la familia. La segunda, sin tener vínculo de sangre, se integra al grupo y termina contando su propia historia.

Amalia es el eje de los personajes y encarna los antagonismos más relevantes planteados por el escritor: sumisión/rebelión, obediencia/desacato y humillación/dignidad. Solo ante estas oposiciones, vemos a una Amalia fresca, graciosa, intentando ser independiente, emancipada y libre de un vasallaje emocional que terminó por decisión propia, y que es ese renacer el inicio de esta historia que nos hace preguntarnos acerca del pasado de esta familia. Amalia define las cosas según va abriéndose a ese nuevo espacio que ahora re-conoce, y que además le dan ahora una manera distinta de estar en el mundo. Quiere vivir como nunca antes experimentó.

“Tuvo que elegir a una edad en que nadie debería hacerlo y eligió mal, porque eligió intentar que la vida reparara en ella lo menos posible”

Esta estructura familiar se mueve entre verdades y mentiras, completas o a medias; secretos que se deslizan entre uno y otro personaje. Todo siempre bajo la excusa de evitar el dolor. Sin embargo, esta familia también se refugia en el respeto mutuo, ese que da forma al círculo que sus miembros son: un círculo permeable, pero sólido, fuerte y capaz de sobrellevar las cargas pesadas. Estos personajes entienden también que es propicio abrir el compás para la atención, la benevolencia, la ternura, la complacencia. Alejandro Palomas parece decirnos que la vida no empieza cuando nacemos, sino después de una confesión importante. Un amor es uno y muchos. Es una mirada a la familia, a esa red que se teje a su alrededor para resguardar a los seres amados y evitarles caídas dolorosas. “A fin de cuentas, la vida no es mucho más que los lugares y las personas que frecuentamos”, escribe Palomas: “Eso y también las coincidencias. Lástima que cuando lo entendemos ya somos demasiado viejos y queda poco por frecuentar”. Un amor es, en definitiva, un homenaje a la vida y a las pequeñas cosas, sin filtros.

 

Geraudí González Olivares (@GeraudiGonzalez) es crítica literaria, académica, autora de “microficción” y actriz

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