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Amélie Nothomb (principal)

Amélie Nothomb: la danza que tuerce el tobillo de quien lee

Ya lo decía Wilde: “Aunque parezca una paradoja, es cierto que la vida imita al arte mucho más que lo que el arte imita a la vida”. Así, la obra definitiva de un artista se concreta al inventarse a sí mismo. Quizá fue este el propósito de Fabienne Claire Nothomb (Bruselas, 1967) al crear a su alter ego Amélie Nothomb (Kobe, 1969). La novelista creció en una familia de políticos —ministros, constitucionalistas—. Como es hija de un diplomático creció entre Japón, China, Estados Unidos, Myanmar y Bangladesh. De ese crisol de naciones es Japón el que dejó más profundas huellas en su vida y en buena parte de su obra. En novelas como Estupor y temblores, El sabotaje amoroso, Metafísica de los tubos y La nostalgia feliz, hace patente el dolor por abandonar aquella cultura y el shock de tratar de adaptarse —ya en la adultez— a una sociedad europea distante.

Nothomb diluye la tristeza por ese desarraigo con una rutina férrea (todos los días escribe desde las 4 de la madrugada, en ayunas) como modo de supervivencia. En sus palabras: “solo un domingo dejé de escribir, fue el peor día de mi vida”.  De esa forma, a los cincuenta y dos años de edad, cuenta con 28 novelas publicadas, además de otras tantas no editadas, novelas cortas y relatos. Su prolífica obra tiene como estructura básica común el diálogo antagonista entre un ser humano y otro, o entre una persona y circunstancias adversas. Nothomb construye mundos conformados por dos tótems, uno bueno y uno perverso. Sus historias son un duelo entre un personaje bondadoso y otro malvado; una danza entre la luz y la ausencia de ésta; un enfrentamiento entre personas comunes y corrientes en situaciones límite: capaces de hacer lo que sea.

 

Lo perverso y el cuerpo.

En Golpéate el Corazón (2019), Nothomb evoca a las madrastras de los cuentos de hadas, con la salvedad de que, en este caso, la victimaria es la propia madre. Una belleza gélida y absoluta, Marie es tan hermosa que solo puede ser feliz desde la envidia que despierta en otros. Contrario a sus planes, queda embarazada a una edad temprana. Luego lo impensable: Diane, su bebé, es aún más bella que la madre. Comienza una rivalidad unilateral, un desdén absoluto, un abandono emocional y físico del que solo son capaces los animales cuando rechazan a una cría malformada. La criatura, hambrienta de madre, vive para esperar una señal de afecto de la diosa, sin juzgarla: “El amor de la cría por su madre era tan grande que podía llegar a imaginar lo que su nacimiento había representado para Marie: el final de su esperanza de ideal, la resignación.”

La lucha entre el amor hacia los hijos y la responsabilidad hacia el destino se aborda también en El crimen del Conde Neville (2017), en donde Nothomb abre una puerta hacia el mundo de la anquilosada aristocracia belga, a la cual pertenece. El Conde, un hombre arruinado, pero de conducta intachable, es informado por una vidente que en su tradicional Garden Party, habrá de matar a uno de sus invitados. Esta aparente trivialidad llevará a Neville a extremos inimaginables, cuando su hija Sérieuse, se auto incluya en sus planes:

“–¿La muerte? Jamás. Soy tu padre y te quiero.

–Agamenón era el padre de Ifigenia y la quería. Y aun así la mató.

–Como bien sabes, no te puse por nombre Ifigenia. Saca tus propias consecuencias.

–Habrá que pensar que cuando les pusiste Oreste y Électre a tus hijos mayores el impulso era tan fuerte que, fuera cual fuera el nombre del tercero, el destino se ponía en marcha.”

Además de la ficción, la narradora dedica buena parte de su día a escribir cartas, principalmente a responder correo de sus lectores. Este ejercicio sirvió como estructura para la obra metaficcional: Una forma de vida (2012). En ella, un soldado destacado en Irak, Melvin Mapple, escribe a la novelista A. Nothomb en un tono que primero es cordial, pero que posteriormente se enreda hasta difuminar las fronteras entre Melvin, Nothomb y el lector. Mediante este intercambio, se expone al cuerpo como un campo de batalla, en el que se libra una lucha encarnizada entre la autodestrucción y la resistencia. Mapple es un comedor compulsivo, un obeso por abandono pero también por convicción: “Quizá la grasa es el medio que he encontrado para dejar constancia sobre el mal que he hecho y que no siento. Es complicado. Resumiendo, esa obesidad se convirtió en mi obra. Sigo trabajando en ella con ardor. Devoro como un poseso”.

El asunto del cuerpo y el daño que sus obsesiones pueden provocar es una constante en sus novelas. Nothomb misma es sobreviviente de una larga anorexia que estuvo a punto de matarla. Cuesta creer que, ante las estampas del sinsentido de la guerra y de la agresión de las personas contra sus propios cuerpos, uno pueda desternillarse de risa con el humor característico de la autora belga, que atribuye a la escritura la salvación de su propia vida y, al humor, la supervivencia de la especie humana: “Gracias a la broma, a reír, es que estamos vivos”, declaró en una entrevista.

Así es la obra de Nothomb. Temas brutales, donde el odio y la maldad amenazan a la inocencia, son abordados con maestría y aparente ligereza. Su trabajo son miles de páginas en las que el arte y sus formas se estrellan de lleno ante el colosal muro de la realidad.

Nothomb es una de esas autoras excepcionales que hacen que la inteligencia aparezca clara y simple. Sin arriesgados experimentos ni grandilocuencias, sus novelas se leen rápido, en una suerte de vals en el que, de vez en cuando, el lector tuerce su tobillo. Sus letras recuerdan que leer es primordialmente un sencillo y feliz acto. Un acto placentero que permite explorar la naturaleza humana, en su extensa gama de belleza y horror.

Alejandra Alegría es mexicana y defensora de derechos humanos, particularmente de los de las mujeres, niñas, niños y adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad. Internacionalista de formación, con estudios de Maestría en Derechos Humanos. Si bien ha escrito mucho, recién comienza a firmar.

 

El retrato de Amélie Nothomb es de Albin Michel.

 

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  1. Adriana Tena

    Simplemente excelente!

    1. Colofón Revista Literaria

      Adriana:
      Muchas gracias por tu comentario. Nos gusta mucho cuando nos escriben, eso nos da ánimos para seguir adelante. Te recomendamos que te suscribas a nuestra Newsletter para que te lleguen gratis todas las reseñas de libros y entrevistas con personajes.
      Saludos,

    2. Alejandra Alegría

      ¡Muchas gracias por tu comentario! Eso nos anima a seguir.

  2. Anabelle

    Gracias por tan fascinante reseña. No conozco a la autora pero me doy cuenta de su riqueza en estilo y temas. Sin duda buscaré este libro.

    1. Colofón Revista Literaria

      Anabelle:
      ¡Gracias por escribirnos! Nothomb es una escritora muy buena. Nos alegra que esta reseña te llevara a interesarte en ella. Te invitamos a que te suscribas a nuestra Newsletter para que te lleguen gratis nuestras reseñas y entrevistas.
      Un saludo,

    2. Alejandra Alegría

      Muchas gracias, Anabelle, por leer y por tu comentario.

  3. Estelio Mario Pedreañez

    Después de revisar en la Internet resulta que Amélie Nothomb es una de las escritoras consagradas europeas y de las más leídas en lengua francesa y toda su obra ratifica que no es una «desarraigada de la cultura japonesa», al contrario es una escritora occidental y cristiana que descubrió que siempre fué una extranjera en Japón («Estupor y Temblores», 1999) por mucho que sintiera admiración por esa cultura. Solo con leer los títulos de sus obras y revisar sus argumentos queda claro que la Nothomb es una mujer europea de formación, raíces, temperamento e intereses intelectuales. Las referencias a Japón pueden estar presentes porque vivió allí pero siempre como integrante de una familia occidental, europea, al servicio exterior de su patria. Queda así descartado el supuesto «desarraigo» que en todo caso sirvió para inspirar algunas de sus obras literarias, en las que expone su visión occidental del mundo en contraste a la visión japonesa.

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