arte urbano la mujer canalla

Lo que contó la mujer canalla de Lena Yau como una poética de la migración

Puede leerse el desarraigo desde el optimismo. En el ensayo titulado “El extranjero”, el sociólogo estadounidense Richard Sennet intenta comprender la migración como algo opuesto a la pérdida: como un proceso de adición con sus propias formas y posibilidades que permite al desplazado comprender la sociedad que ha abandonado tanto como esa donde intenta asimilarse. Pensé en el ensayo del director fundador del New York Institute for the Humanities cuando leí el poemario más reciente de Lena Yau. Lo que contó la mujer canalla otorga la misma función creativa a la escritura migrante: leer a la cultura que quiere asimilarse con las estructuras de la cultura propia y, en un proceso inverso, interpretar a la cultura que se ha dejado a atrás con los códigos de la que intentamos adquirir. Pero, ¿para qué habríamos de emprender este recorrido de ida y vuelta? Porque en ese lugar, en esa isla que flota en el océano caótico de significantes, se erige la capacidad de asombro de la autora y el trabajo de resignificación que emprende en su escritura.

Para Lena Yau su condición de migrante es más que una herramienta que expresa dos realidades, la venezolana y la española, como ambas experiencias están con frecuencia mezcladas, también escribir es el intento de ordenar el caos acuoso donde ella se halla suspendida. “Las historias de los inmigrantes se escriben sobre el agua, y el agua se borra”, me explicó una vez la autora nacida en Caracas en 1968, durante una entrevista: “Yo hice lo mismo que hicieron mis padres: caer en un lugar y dejarlo todo atrás. Cuando llegué a España tuve que reconstruirme para entender lo que soy y ese cisma personal me impedía hacer muchas cosas. Primero tenía que entender eso antes de poder escribir: que era una autora en suspensión”. Quizá por eso Lena Yau tiene tanto tiempo escribiendo pero se decidió a comenzar a publicar hace apenas dos años; primero tenía que recorrer y darle sentido al océano. Y Justo es ese proceso lo que muestra su escritura.

“Arquitectura de agua” donde el símbolo del océano toma un significado que lo vincula a la escritura es evidencia de ese recorrido:

“El agua: una lente que complica mi trabajo.

(…)

“Escribo al revés

como en un espejo

sin poder probar la globalidad desde mi posición”.

“Ese extraño bilingüismo que abarca tanto”, dice la autora en el único verso que es el poema “Cuaderna V”. Y no es casual que en esa página aparezca una de las tres fotos del también venezolano Efrén Hernández Arias: la de una costa de montañas rocosas contra la cual rompen las olas del mar. Las otras dos fotos describen también paisajes: uno urbano donde en la oscuridad de la tarde brilla el reloj de la Torre la Previsora de Caracas, un ícono de la capital del país suramericano; el otro, un paisaje natural donde se adivina entre las nubes la silueta oscura de la montaña –¿El Ávila?–, una imagen que ilustra otro verso que sirve para darle sentido al poemario:

“En esa novela la montaña es una línea de letras. / La más triunfal ortografía” que constituye el poema titulado “Cuaderna VI”. El matrimonio entre imagen y poema es un recurso para expresar la suerte de bilingüismo del extranjero que sintetiza dos culturas para darle sentido a la vida. Lo que resulta más interesante del poemario de Lena Yau es que trabaja la nostalgia sin sensación de desengaño. Por eso el agua es la imagen que atraviesa el poemario construyendo la metáfora del caos líquido como un espejo bicéfalo con una cabeza en cada continente y del océano como franja de limítrofe que sirve como vía de comunicación (e hibridación) entre América y Europa.

Como herramienta para dar sentido a la experiencia mezclada, el proceso de escribir se disecciona en cada una de las tres partes que conforman el libro. La primera, “Lo que escriben todos mis nombres”, trata del impulso de la creación que algunos llaman inspiración, pero que en el fondo no es más que la necesidad de hablar: el intento de articular el bilingüismo y probar su utilidad para la expresión coherente. La tentativa queda en evidencia en uno de los poemas más expresivos del conjunto “Lo que falta”, que empieza con el verso:

“La experiencia de caminar sobre los pasos propios.

Pisar huellas ajenas”.

El acto de escribir desvinculado de la inspiración es el núcleo de la segunda parte, titulada “Cartapacio del regreso”. Es la palabra “cartapacio”, en su sonoridad de objeto antiguo igual que en su utilidad como cuaderno para tomar apuntes, lo que marca el significado de esta parte, surcada por dos imágenes poderosas como la de un abecedario que se escribe y se borra y una maleta –“abre el equipaje para que cuentes”, se lee en un verso de “Equipaje Palpebral”. Es la maleta que nos lleva a la poética de la suspensión de la que Lena Yau hablaba en la entrevista a la que antes me referí: la noción de que no puede escribirse sin orbitar sobre el Atlántico naufragando entre una orilla y otra. Por eso, la última parte, que lleva el mismo título del libro, juega con la inquietante posibilidad de que, al final, el verdadero objetivo de la palabra sea el silencio. El verbo contar conjugado en pasado evidencia el cierre del proceso que comenzó con el impulso de escribir. Por eso asistimos a la necesidad del conticinio (la hora de la noche cuando todo es silencio), que aparece como el gran objetivo de la “mujer canalla”: luego de aspirar a meter en una maleta la experiencia de dos mundos de significados no quedan más que la mujer en suspensión y la profundidad del silencio.

El valor fundamental de Lo que contó la mujer canalla es que inquiere desde dónde se escribe y descubre que en el caos susurran las diversas lenguas de la experiencia, sin pasaporte ni nacionalidad. Por eso, los poemas de Lena Yau son quillas que cortan el océano que separa a Venezuela de España, más que como lugares geográficos, como ámbitos de significación.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

 

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