Rebeca garcía

Rebeca García Nieto: «La capacidad de cuestionar las cosas no está bien vista»

Rebeca García Nieto es psicólogo clínico y durante varios años trabajó en el departamento de Psiquiatría Infantil del hospital público Bellevue de Nueva York. El impacto de ejercer la medicina en esa megápolis produjo en esta autora nacida en 1977 en Medina del Campo un efecto tan intenso que, para tranquilizarse, comenzó a tomar notas sobre el sistema de protección de menores de la ciudad, que describe como “absolutamente kafkiano”. Al principio solo quería dotar de sentido a lo que veía, sin saber muy bien a dónde la llevaría y el resultado fue la novela Eric, que resultó finalista del premio Azorín de Novela en 2012 y el año pasado se publicó en Zut Ediciones. Como no para de trabajar, por estos días puede encontrarse en las librerías su más reciente obra, Las siete vidas del cangrejo, un libro a medio camino entre la colección de relatos y la novela coral. En la caracterización de los personajes que construyen sus narrativas, García Nieto echa mano de su entrenamiento médico, que la ha enseñado a “tener oído”, porque en consulta “se escuchan formas diferentes de hablar, de sufrir, de tener miedo y hasta de odiar”. Y es que, como decía Jean Jacques Lacan, “la verdad tiene estructura de ficción”. Y qué duda cabe que es por esa razón que la buena literatura nos parece más real que la vida.

– También escribes reseñas para varios medios impresos, ¿cuál crees que es el valor de una reseña en el cambiante mundo editorial en el que nos movemos?

– La crítica literaria cumple una función importante, siempre que sea independiente. Se publica mucho y son necesarios los filtros. En los tiempos de Goodreads, donde todo se reduce a los números, las reseñas razonadas son necesarias. Pero para que tengan valor tienen que ser desinteresadas. Los suplementos culturales de los grandes periódicos están en entredicho, pero tampoco es oro todo lo que reluce en el mundo de los blogs. Hay lectores editoriales que no dudan en reseñar los libros y entrevistar a los autores de la editorial para la que trabajan. Y luego están los amiguismos, que constituyen un capítulo aparte.

– En Eric adviertes lo inconveniente que resulta olvidarse del pasado. ¿Crees que la crisis económica del presente es también de ls cultura?

– Hay una crisis de valores en general. La cultura ha perdido su antigua importancia. Antes escritores como Thomas Mann, Heinrich Böll, Albert Camus, Jean Paul Sartre o Simone de Beauvoir eran referentes en su país. Ahora, las opiniones de los escritores no tienen el mismo peso. Tampoco digo que tengan que tenerlo, sólo creo que es importante mantener un pensamiento crítico, tener la capacidad de cuestionar las cosas, y la literatura puede ser muy útil en ese sentido. En la situación actual, con los recortes a la Cultura, y la filosofía enviada al rincón de pensar por la reforma educativa, no parece que las cosas vayan a cambiar. Al contrario. Igual soy un poco paranoica, pero parece que es.

«Las autoridades ven amenazas por todas partes y eso se nota en el día a día. Por desgracia, el terrorismo se ha convertido en el pan nuestro de cada día también en Europa, y la reacción ante esta amenaza está siendo similar en algunos aspectos. El miedo a lo extranjero es evidente en el caso de los refugiados»

– ¿Sientes que la escritura comprometida con nuestra época está obligada a la reflexión sobre temas como los refugiados y la lucha contra el terrorismo, entre otros?

– El 11 de spetiembre marcó un antes y un después, en Estados Unidos y en el resto del mundo. La Nueva York que he conocido es una NY obsesionada por la seguridad, lo que no deja de ser lógico hasta cierto punto teniendo en cuenta lo que pasó. Las autoridades ven amenazas por todas partes y eso se nota en el día a día. Por desgracia, el terrorismo se ha convertido en el pan nuestro de cada día también en Europa, y la reacción ante esta amenaza está siendo similar en algunos aspectos. El miedo a lo extranjero es evidente en el caso de los refugiados. Las escenas que vemos por la tele nos recuerdan a otros campos de Europa y a épocas remotas en que se mantenía apartadas a las personas que tenían una enfermedad. Debe de ser una reacción al miedo típicamente humana, pues ha pasado en diferentes épocas y lugares. Desgraciadamente, estas cosas no pasan sólo en las novelas. No creo que un escritor esté obligado a escribir sobre ello, pero siendo el telón de fondo de la época que nos ha tocado vivir, no me extraña que el tema aparezca de un modo u otro en la ficción.

– ¿De qué manera crees que los valores de Estados Unidos sintetizan los de la culturaoccidental?, ¿cómo crees que afecta eso a la comprensión de nuestra época?

– El capitalismo es la religión mayoritaria en ambos continentes. También aquí somos muy devotos del dinero, y muy practicantes. Otro aspecto muy americano que hemos importado es el political correctness. Si también nos reprimimos al hablar, si toda expresión de malestar o de discrepancia es “inaceptable” (una de las palabras favoritas de los americanos), mal vamos. Lo que se reprime de forma irracional acabará saliendo elevado a la enésima potencia y de la peor manera posible. El fenómeno Donald Trump es un ejemplo de ello. En 1984, George Orwell dice que “cada año habrá menos palabras, así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño”. Como sigamos considerando que tal o cual palabra es inapropiada o inaceptable, nuestro pensamiento será cada vez más limitado. Llegará un momento en que no tengamos con qué pensar o que sólo podamos hacerlo de una forma socialmente aceptada. En mi novela, Eric no deja de hacer preguntas, de cuestionar todo lo que le rodea. Eso no les hace ninguna gracia a los adultos, así que acabará optando por no hablar.

Michelle Roche Rodríguez es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

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