gays

En El amor del revés, Luisgé Martín muestra el derecho visto de costado

El libro más reciente de Luisgé Martín relata sus memorias sentimentales. Comienza con el juramento que se hiciera a sí mismo durante su adolescencia transcurrida en un colegio religioso de Bilbao de que no permitiría a nadie nunca conocer su homosexualidad, y llega hasta finales de la década de los noventa, al momento en que conoció a Axier, con quien se casó en ceremonia pública en 2006, cuando el código civil de España permitió el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Pero más que la historia del despertar sexual de un hombre, El amor del revés propone un catálogo de mitologías sobre el amor confrontadas con la realidad de quien intenta construir una intimidad con otros en el seno de una cultura que tiende a promover el aislamiento de las personas. “Se pone nombre a la sexualidad, pero todo lo que ocurre tiene siempre su principio en los sentimientos, explica el autor nacido en Madrid en 1962: “Lo importante es el amor, no la lascivia”.

El resultado de tal relación ordenada y descriptiva de sus sentimientos, correspondidos o no, por otros hombres es un testimonio a su necesidad de establecer límites entre las nociones de enamoramiento y amor que tienden a confundirse con frecuencia, a tal punto que el Diccionario de la Real Academia, como señala el propio Martín, apenas distingue entre las palabras “enamorarse” y “amar”, cuando es evidente que una describe el fogonazo pasajero y avasallante de una ilusión y la otra se refiere a un sentimiento “grave, denso y perdurable”. Los primeros amores, e incluso las primeras incursiones sexuales, que tantos desvelos traen a los adolescentes, así como los encuentros efímeros y los enamoramientos platónicos se presentan en esta novela desde la perspectiva del que ha encontrado sosiego en relaciones duraderas o la alegre tranquilidad de la perspectiva de una vida en pareja, y de esa manera poniendo derecho El amor del revés.

“Endurecerse sin hacerse de piedra: ése es el orgullo”

El libro desafía la idea de que el amor entre hombres es “invertido”, es decir: algo monstruoso y despreciable. Martín señala que en los casi treinta años que transcurrieron entre que el descubrimiento de su homosexualidad y su boda sufrió una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa en la célebre narración de Franz Kafka: había dejado de ser una cucaracha y se “había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano”. Y los temas que aborda en estas memorias son los tradicionales de la narrativa romántica como el despertar sexual, la primera desilusión sentimental o la contribución de la mitología del amor cortés a la construcción del afecto por el otro, intercalándolos con el ambiente gay de finales del siglo XX. La construcción de su identidad como humano se convierte también en la de sujeto político, justo en la época en que se cristalizaban los grandes logros de la militancia gay y estar orgulloso de la homosexualidad era tanto una reafirmación propia como una postura política. “Las alcobas se convierten a veces en barricadas”, explica casi al final del libro, refiriéndose a porqué la eyaculación se había transformado par él en un asunto político: “Aprendí a aprovechar ese orgullo y empecé a contarlo: que había sobrevivido, que amaba a los hombres, que estaba de pie, que no sentía vergüenza, que tenía las manos limpias”. El orgullo de ser homosexual es, simplemente, la estimación de poder ser, a pesar de todo.

La lección que propone la obra del también autor de las novelas La misma ciudad y La vida equivocada es que el amor es igual y lo que cambian son las circunstancias. Uno de los procedimientos para demostrarlo es traer las ideas al territorio del cuerpo, a la biología y a la química, al lugar donde los cuerpos humanos funcionan igual, por eso señala que el pensamiento (donde se elaboran las ideas de amor y los gustos personales) es resultado de la química y enumera las hormonas y los ácidos que lo componen: “la adrenalina, la oxitocina, el glutamato, la dopamina, el cortisol”, lo cual le permite concluir que la filosofía y la ética –así como presumiblemente el amor– pueden ser explicados “mediante combinaciones y secuencias de aminoácidos”. Así, la gran lección que propone El amor del revés es que, en materia de sentimientos, son mayores las similitudes que las diferencias, se vean estas  de frente o de costado.

 

Michelle Roche Rodríguez (@michiroche) es narradora, periodista y crítica literaria. Es autora del libro de relatos Gente decente (Premio Francisco Ayala, 2017) y del ensayo Madre mía que estás en el mito (Sílex, 2016). Su página web es http://www.michellerocherodriguez.com

Tags:
0 shares
  1. “Endurecerse sin hacerse de piedra” que duras y ciertas palabras. Es difícil. Es muy difícil el no contaminarse con el odio, prejuicios internos; y los tratos de los demás que son consecuencia de los ya mencionados.

    Estará en mi lista el leer la transformación de Cucaracha a Persona de Luisgé Martín.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *