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Digan adiós a la muchacha, la despedida de la infancia de Alba Flores

“Cuando pienso en quién soy, siempre me acabo preguntando qué pensaría la niña que fui de quien soy ahora”. Bajo esta reflexión se articulan los poemas de Digan adiós a la muchacha, el Premio Adonáis 2017 publicado por Ediciones Rialp. Alba Flores, la autora del poemario, dicta en el propio título su declaración de intenciones. Consciente de haber dejado atrás la infancia, reconoce para Colofón que “el principal propósito del libro es no olvidar, o dejar constancia de que algo existió o de que algo fue importante”. Así construye la idea principal del libro, el proceso de madurez presentado como una línea de tiempo en la que, desde el primer poema al último, se relatan los sentimientos de un adolescente que empieza a ser adulto.

Hay en el tono de Digan adiós a la muchacha una ingenuidad deliberada que funciona como anzuelo. Nacida en Madrid y procedente de Villarrodrigo de Ordás, un pequeño pueblo de la provincia de León que tiene una importancia significativa en el libro, Flores nunca se sintió ignorante ni ahora cree que en su infancia lo fuera: “La diferencia entre ser mayor y ser un niño es que cuando eres niño aún te queda algo de esperanza”, dice. Y ese regusto amargo de sus declaraciones también transpira a través de los versos de Digan adiós a la muchacha.

Marcada por los afectos familiares y las experiencias de la niñez, Flores contempla la edad adulta que se le viene con incertidumbre: “Uno no sabe qué pasará la mañana siguiente”, dice en uno de los versos que componen el poema “Nothing is wrong if nothing is true”. Plantea continuos interrogantes sobre el tiempo con una honestidad inusitada en una poeta de tan temprana edad, fascinada por la sorpresa y los cambios inminentes en su vida. Su escritura ligera y delicada, repleta de expresiones coloquiales y constantes referencias a situaciones cotidianas, convive con la crudeza de algunos de sus versos: “He crecido / y ahora no sé qué tengo que hacer / cómo se sigue”.

Flores es un ejemplo más de los últimos recientes que demuestran cómo la literatura escrita por mujeres ha conectado más con el tratamiento de la infancia en los últimos años. La coyuntura social protagonizada por el feminismo en nuestros días y la acentuada relación de la mujer con su cuerpo representan las causas de que sean ellas quienes más se acerquen a la niñez a través de sus conflictos físicos y emocionales. Son muchas las fórmulas literarias, desde el más reciente libro de aforismos de Eliana Dukelsky, Crianza (Cuadernos del Vigía, 2018), que se aproxima a la infancia desde el punto de vista de la maternidad, hasta Lo seco (Bartleby, 2017) de Isabel Bono, un poemario con una mirada retrospectiva ora hosca ora nostálgica.

“He crecido

y ahora no sé qué tengo que hacer

cómo se sigue”

La autora de Digan adiós a la muchacha también ha optado por el género poético para desentrañar sus traumas infantiles, aunque a veces evoca su niñez desde el recuerdo más entrañable. “Nogal”, el poema que abre el libro, recrea las vivencias afectivas de aquella época e incluye algunos de los personajes que tuvieron una importancia más significativa: el abuelo, la madre o la hermana. Desde el principio, Flores muestra su inclinación por lo simbólico en su poesía. Si la nieve representa el encuentro en el poema “Diciembre”, la casa del pueblo —“Casas viejas con almas viejas”— simboliza la ruptura con una etapa: “No nos asustó la sangre / hasta que fuimos mayores”, dice en uno de sus versos. Mientras tanto, el árbol, que aparece en determinados momentos a lo largo de la obra, confiere la sensación de estabilidad y resistencia.

Lo más conmovedor de Digan adiós a la muchacha coincide con la recta final del libro, donde el lenguaje alcanza las más altas cotas poéticas. La voz se vuelve sugerente y misteriosa —a veces no resulta fácil identificar al interlocutor— y Flores hace gala de sus mejores versos: “Para mí / crecer es sobre todo imaginar / dónde me gustaría verte llorar / cuando yo desaparezca”. La segunda parte del poemario destaca por lo inquietante, las expresiones coloquiales son sublimadas por el sentido final del poema y la sugerencia del principio cobra sentido en cuanto a la unidad de los poemas.

Se agradece el lenguaje espontáneo en el estilo que cultiva la poeta, más cuando contrasta con la profundidad de una definida posición femenina ante el mundo. “Soy tan feliz”, un poema con una interesantísima formulación, se erige en una ácida crítica social contra la superficialidad y el inmovilismo. Otra vez el cinismo de la autora, expresado anteriormente en “Cosas prestigiosas”, un poema en el que se presenta, burlona, contra la madurez y ciertas exhibiciones intelectuales que provocan más sonrojo que admiración.

“Para mí

crecer es sobre todo imaginar

dónde me gustaría verte llorar

cuando yo desaparezca”

Digan adiós a la muchacha es un libro trampa. Coquetea con la ingenuidad para ponerte zancadillas en cuanto te descuidas. Habla una niña y también alguien que conoce más de lo que dice. La voz de una joven llena de experiencias que transforma sus limitaciones en virtudes. Como quien cuenta cualquier cosa, sorprende con metáforas muy acertadas —“la lluvia de los ojos”— y un poder visual sorprendente: “Era fácil verte sonreír cubierto de sangre”, reza un verso.

La ligereza del tono es limítrofe con el punto desgarrador que sobrevuela cada poema. El libro de Flores relata un proceso, el de crecer, y advierte de la llegada de la madurez —“Soy un ser adulto / lo admito / soy una mujer madura”— con imágenes tan sugerentes como ésta: “Tus amigos te sonríen desde el corcho”. Telúrica y sin concesiones, rebusca en su identidad a través de la infancia. Y utiliza una herramienta: la poesía directa y al estómago.

 

Jaime Cedillo (@JaimeCedilloMar) es periodista, músico y poeta. Colabora con El Cultural, publicación del diario El Mundo y con otros medios de comunicación. Se graduó en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos I y cursó el Máster de Crítica y Comunicación Cultural de la Universidad de Alcalá de Henares

 

 

 

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