padura-transparencia-del-tiempo

Cuba, el calendario, los años y “La transparencia del tiempo”, de Leonardo Padura

La transparencia del tiempo, reciente novela del escritor cubano Leonardo Padura editada por Tusquets Editores, trae de vuelta al detective Mario Conde. En esta oportunidad, el ex policía, ahora investigador privado, asumirá el caso del robo de una virgen negra, propiedad de Bobby, un antiguo amigo del colegio, que le pedirá ayuda para encontrar la pieza. En el camino, Conde dará con una red de traficantes de arte y con un asesinato.

La narración de este libro va por dos vías: la del caso de la estatuilla de la virgen y la de la historia de esa virgen, que proviene de una ermita del Pirineo catalán y fue llevada a Cuba por el abuelo de Bobby (vertiente esta que se puede tornar pesada con el paso de las páginas). Así, el lector seguirá dos formas del relato negro, acompañará la paulatina resolución de un caso y la reconstrucción del origen y trayecto de la valiosa pieza de culto religioso

Debajo de esa trama de pistas, sospechosos e investigaciones, y de datos históricos sobre la virgen, el tema recurrente y central de esta novela es, como lo anuncia su título, el tiempo. El Conde que presenta esta vez Padura, es un hombre maduro que se enfrenta a la reflexión sobre el paso del tiempo y sus consecuencias en distintos aspectos de su vida privada y de la vida pública. Desde la primera página de La transparencia del tiempo se mostrará ese ítem vital. La narración comienza un 4 de septiembre de 2014 con Mario Conde en estado contemplativo, amanece y la luz del sol se filtra por la ventana de su casa proyectando su haz sobre un almanaque, lugar donde el detective fija su vista. “Los espacios del calendario originalmente habían sido cromados con tonos distintivos entre el verde juvenil de la primavera y un vetusto gris invernal (…) Con el paso de los meses, algunas cagadas de moscas habían contribuido a decorar la cartulina con erráticos puntos suspensivos; varias tachaduras y los colores cada vez más fatigados testimoniaban la utilización práctica del impreso y la exposición a la luz de esmeril que cada día lo asolaba. Trazos de geometrías diversas y caprichosas, grabados alrededor, en los bordes, incluso sobre la superficie de ciertos números, remitían a recordatorios en su momento invocados, luego quizás olvidados, nunca cumplidos. Marcas del paso del tiempo y advertencias a una memoria en fase esclerótica”.

Conde, el que olvida fechas importantes, cumpleaños, aniversarios, conmemoraciones, ahora, a la víspera de cumplir sus sesenta años se detiene a pensar en el paso del tiempo y su efecto: en el propio cuerpo, en la vida, en la ciudad, en sus afectos, en el país. El protagonista revisará el trayecto de su vida, lo hecho y lo no hecho, lo que queda, lo que ya no está dispuesto a hacer, el estado actual de las cosas. En ese sentido, La transparencia del tiempo retrata a un Conde más nostálgico y en cierta forma solitario que no conseguirá de forma inmediata respuestas a las interrogantes que le suscita la reflexión sobre el tiempo y su condición inexorable. “El panorama no parecía demasiado novedoso, aunque tampoco lamentable: trabajo, amistad, amor, todo un poco desgastado, también envejecido, pero aún sólido y real. Lo jodido, reconoció ante sí mismo, era su estado de espíritu, cada vez más marcado por la tristeza y la melancolía, y no solo por el peso de su edad física o la temida cercanía de un aniversario de mal sonido y peores consecuencias, sino por la certeza de su exultante frustración vital. Al borde de los sesenta años, ¿qué tenía?, ¿qué legaría? Nada de nada. ¿Y qué le esperaba? La misma nada al cuadrado o algo peor”.

“Trazos de geometrías diversas y caprichosas, grabados alrededor, en los bordes, incluso sobre la superficie de ciertos números, remitían a recordatorios en su momento invocados, luego quizás olvidados, nunca cumplidos. Marcas del paso del tiempo y advertencias a una memoria en fase esclerótica”

En medio de ese estado reflexivo, apesadumbrado, llegará el viejo amigo de Conde, Bobby, a solicitarle ayuda. Con la aparición de Bobby, el pensamiento de Conde irá también al pasado, a sus días de juventud, verá los cambios en él y en sus amigos, en la ciudad. Mientras intenta resolver el caso, a medida que recorre las calles de La Habana, sigue las pistas de sospechosos y personas con información, Conde observa la capital cubana, su dinámica, las avenidas, las construcciones y hace un fresco del resultado del paso del tiempo en el lugar que vive. Cómo un lugar fue del esplendor a la ruina, al desgaste. Y ese efecto está irremediablemente ligado al devenir del proceso político cubano. La transparencia del tiempo, en fin, retrata cómo el trascurso del tiempo va poniendo tachaduras a la vida, cómo traza geometrías diversas y caprichosas, cómo cual luz implacable esmerila trayectos o propósitos y cómo de forma transparente también va poniendo ciertas cosas en su lugar.

 

Diajanida Hernández (@diajanida) es profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), editora y periodista cultural. Cursó la licenciatura en Letras y la maestría en Estudios Literarios en la UCV. Ha escrito para el diario El Nacional, el suplemento “Papel Literario”, el portal Prodavinci, y las revistas Quimera Otra parte semanal.

Para leer un perfil de Leonardo Padura publicado antes en la revista, puedes pinchar aquí.

Tags:
0 shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *