martes, 10 de mayo de 2016

Juan Carlos Chirinos: No podemos ver la realidad sino a través de los símbolos

Sus amigos lo llaman “El Chirinator” no sólo porque en casi veinte años que tiene viviendo en España aún no ha perdido su acento caribeño, sino porque cuando comienza a hablar no deja títere con gorra. Ese mismo ánimo de exterminador late en su más reciente libro, la colección de cuentos La manzana de Nietzsche, editada por La Palma y es el humor que enciende la comida que compartimos (un par de hamburguesas) en le centro de Madrid. En Venezuela, Juan Carlos Chirinos fue premio de la Bienal Ramos Sucre en el año 2003 y finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos. En España es un escritor a tiempo completo que en el último lustro ha venido publicando casi con un año de por medio cuentos, novelas y biografías. El autor nacido en la ciudad andina de Valera n el año 1967 trabaja también como asesor literario y como facilitador de talleres de escritura creativa. Y tiene dos obsesiones persistentes: la necesidad de codificar el mundo real en símbolo –esto es: ficciones– y tener muy claro qué va a escribir en las próximas dos décadas.

– La colección de cuentos editada por La Palma completa la serie de registros en que usted viene trabajando durante el último lustro, donde destacan el género fantástico de la novela Nochebosque (2011) y el policial de Gemelas (2013). ¿Hace de forma consciente el paso entre los géneros?
Juan Carlos Chirinos
Foto: Vasco Szinetar
– Cuando publiqué mi primer libro, Leerse los gatos, en 1997, el crítico venezolano Luis Barrera Linares escribió una reseña en la revista Folios que titulaba “Un abanico de apuestas para el futuro”, donde decía que ese libro abría varias puertas: una fantástica, una histórica, una intimista, y así. Eso me sirvió para entender que yo podía llegar a varios registros. He ido arrastrando esos géneros. Parece un paso fácil de uno a otro cuando lees el resultado, pero no es así. Ha ocurrido en quince años y por temporadas. Así, tengo claro que como Gemelas es policial, tiene una continuación. Y la segunda parte de Nochebosque está en proceso. Un escritor que quiera llegar a viejo escribiendo quiere tener un proyecto desde el principio que le va a llevar 40 años porque si no tienes dos o tres novelas en tu cabeza y las escribes antes de los 40 ó los 50 años y ya no tienes después proyectos… ¿De qué escribes después?

– Bueno, en treinta años se te ocurrirá algo, ¿no?.
– Tengo miedo de que no. Curándome en salud tengo muchos cartuchos guardados e ideas de cuentos y novelas de aquí a 20 años. Eso tranquiliza.

– Estaba trabajando en una novela sobre la vida del escritor y diplomático venezolano, Rufino Blanco Fombona.
– No es una novela histórica sino de aventuras. Sin emabrgo, el género histórico me llama la atención porque es muy antiguo pienso que no es en realidad un género sino una manera de ver el mundo. Lo importante es primero establecer los parámetros que clasifican a una obra como novela histórica.

– ¿ Qué lecciones ofrece la historia para un autor de ficción?
– Ninguna. Al contrario: la historia le pone advertencias. En el prólogo a La filosofía de la historia de Hegel, Ortega y Gasset escribe que un libro de ciencia, además de ser un libro de ciencia también tiene que ser un libro. Maravilloso. Eso es lo que tiene que buscar el escritor de ficción: la parte que no pertenece a la realidad. Ahora estoy escribiendo una serie de ensayos sobre el papel de la ficción en el mundo. La ficción no está al servicio de la realidad, sino autónoma. Sin la esta no hay realidad. El volumen de la fuerza de la ficción es el mismo que le de la fuerza de la realidad y mantiene una tensión en el ser humano constante. No podemos ver la realidad sino a través de los símbolos. Nada existe si no te lo imaginas primero.

@michiroche


jueves, 5 de mayo de 2016

La untosa sustancia del presente


Las envidias de Demóstenes en la era de la polis griega, los inicios del interés en el comportamiento infantil del psicólogo Jean Piaget, el descubrimiento de las asombrosas (pero fatales) habilidades lingüísticas en el idioma castellano de Noam Chomsky, un partido de cartas hipotético entre Julio Cortázar, Stephen King, O. Henry y H.P Lovecraft, así como también el insólito resultado de la traducción de una novela policial son algunas de las anécdotas de La manzana de Nietzsche, la colección de relatos más reciente del autor venezolano Juan Carlos Chirinos. Por su puesto que hay un cuento a cerca del filósofo alemán y otro donde el protagonista es uno de los próceres favoritos del autor, Francisco de Miranda. Pero lo importante es moverse entre uno y otro momento de la historia y saber que nunca se ha salido del ahora. La publicación de Ediciones La Palma muestra el trabajo de un erudito: un hombre que busca en los signos del pasado las claves del mundo que habitamos. Para esclarecerlo o enredarlo.
La manzana de Nietzsche
“Quiero escribir dejando que se escurra sobre el papel la untosa sustancia del presente”, dice el narrador de su cuento “Instrucciones para tergiversar la historia” y al lector no le quedan dudas de que esa misma es la intención del libro de cuentos del autor de las novelas Nochebosque (2011) y Gemelas (2013): embadurnar su obra con trazos de las preocupaciones actuales usando anécdotas del pasado. “Los historiadores no tenemos otra opción sino la de buscar con la fe puesta en los hallazgos, no en los fracasos, que son tantos”, apunta en el mismo relato. Pero son los fracasos los que construyen los meandros de la literatura en La manzana de Nietzsche. Y no podía ser de otra manera.
Por eso el autor nacido en la ciudad andina de Valera en el año 1967 muestra el cambio que sufrió el estilo de la escritura de Nietzsche cuando en 1882 adquirió su primera máquina de escribir, en la tienda de los Herederos de Moses Mendelssohn-Bartholdy. “Antes, tus cartas solían ser tersas piezas que acariciaban los ojos del que las leía; ahora se han vuelto más estrictas y creo estar leyendo un telegrama lleno de hermosas palabras (…) dispuesto a entregar su mensaje, y nada más”, le escribe a Nietzsche su amigo Julius, un músico que intenta terminar una sinfonía. Por eso Chirinos se regodea en el susto de Chomsky que, de pronto, en el mismo instante en que muerde una grasosa empanada de carne, se percata de que puede entender el castellano sin haberlo estudiado nunca, para descubrir que el dictadorzuelo del país caribeño al que visita invitado por el gobierno no tiene el mejor plan para el resto de su estancia. “El conocimiento tiene un precio siempre”, reflexiona el crítico social estadounidense en “El alfabeto del profesor Chomsky”. Por eso el ganador de la bienal Ramos Sucre del año 2003 con la colección de relatos Homero haciendo zapping dirige la atención de los lectores a la correa del pionero en psicología infantil, Jean Piaget, que desde pequeño se interesaba en el comportamiento de sus compañeros: “el futuro director de la Oficina Internacional de Educación de la Unesco.
En ninguna otra colección de narrativa breve como ocurre en estos diecisiete relatos que componen La manzana de Nietzsche se cumple con tal cabalidad lo que el Handbook of Latin American Studies de la Librería del Congreso de Estados Unidos dice de los personajes de Chirinos: que existen en “un continuum de realidad-ficción sin una división clara entre ambas”. El volumen es Chirinos en su más pura esencia: la ilustración al servicio del más irónico optimismo.


@michiroche