miércoles, 16 de noviembre de 2016

Mansplaining: El género de las explicaciones

 Mansplaining es el término que resulta de la contracción en inglés de la palabra man (hombre) y del verbo to explain (explicar) que popularizó Rebeca Solnit a partir del año 2008. El diccionario Oxford reconoce esta palabra desde 2012, cuando The New York Times la declaró palabra del año, y la define como la actitud de un hombre que explica algo de forma condescendiente a una mujer. La acción infantiliza a la interlocutora al obviar el conocimiento que pueda tener sobre el tema que se trata y, en general, su inteligencia. Sin embargo, Solnit no se hace cargo de su responsabilidad sobre el término, porque teme que pueda interpretarse como si todos los hombres son indulgentes y tienden a minusvalorar a las mujeres. Pero, si bien no es cierto que exista una esencia de masculinidad o de feminidad ni que todos los hombres acostumbran a tratar con condescendencia a las mujeres, aún no se han conquistado la igualdad entre los géneros y, en el debate público, los hombres siguen teniendo la voz cantante.
Los hombres me explican cosas
La biografía de Solnit no puede separarse del término que feministas alrededor del mundo usan para delimitar un antiguo vicio de las relaciones entre los géneros. Una tarde asistió junto con su amiga Sally a una aburrida fiesta en lo alto de una pista forestal en Aspen y cuando estaban a punto de marcharse, un hombre les pidió que se quedaran. Era el anfitrión de la velada y les hizo esperar un poco hasta que se sentó con ellas alrededor de una mesa de madera para decirles que le habían contado que Solnit había “escrito un par de libros”. Cuando ella comenzó a explicarle el argumento del más reciente, editado justo ese verano de 2003, River of Shadows: Edward Muybridge and the Technological Wild West, el hombre la interrumpió: “¿Has oído hablar de ese libro realmente importante sobre Muybridge que ha salido este año?”, le preguntó. El hombre luego emprendió una perorata sobre el libro y, conforme pasaba el tiempo se hizo obvio que se trataba del mismo escrito por Solnit. Su amiga Sally lo hizo notar no una ni dos, sino tres veces.
Resultó que ni siquiera lo había leído, y se limitaba a repetir algunas ideas generales que le habían quedado del artículo que apareció unos meses antes en el New York Times Review of Books. Aquello enmudeció al hombre, “desbarató las categorías bien definidas en las que su mundo estaba compartimentado”. Fue también una epifanía para las mujeres que lo presenciaron: desde entonces, Solnit usó el respaldo público  que ya tenía como escritora para visibilizar lo que representa un problema bastante común para las mujeres, en especial las profesionales, que batallan a diario con el mansplaining.
Porque a pesar que hace décadas comenzó la revolución feminista, todavía (por más que los hombres quieran hacernos creer que sí) el peso de ellos en el mercado de trabajo no es el mismo. “No me sorprendería si parte de la trayectoria política norteamericana desde 2001 estuviera marcada por, digamos la incapacidad para escuchar a Coleen Rowley, la mujer del FBI que lanzó los primeros avisos a cerca de Al Qaeda”, escribe la escritora y activista en el libro traducido por la editorial Capitán Swing: “desde luego está influida por la administración Bush, a la cual no se le podía decir nada, ni siquiera el hecho de que Irak no tenía vínculos con Al Qaeda ni armas de destrucción masiva, ni el que la guerra no iba a ser “pan comido” (ni siquiera los expertos varones pudieron penetrar en la fortaleza de dicha petulancia)”.
Los nueve ensayos que conforman Los hombres me explican cosas, están redactados con una profusión de datos que prueban con minuciosidad los puntos propuestos por la autora nacida en San Francisco en 1961, envueltos en una escritura que hace de la ironía una herramienta para el entretenimiento del lector. Lo que Solnit ilumina para la discusión pública no son solo problemas “de género”, es un llamado de atención sobre cómo la soberbia frente al otro –y, la mayoría de las veces, la otra– es la raíz de problemas atávicos como la desigualdad y la violencia. El principal aporte de este libro es haberle dado un nombre a un comportamiento que está tan naturalizado en la interacción humana que casi pasa desapercibido, ahora queda de parte de todas y todos darle visibilidad en lo cotidiano.

@michiroche
  

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