martes, 21 de junio de 2016

Las realidades probables y posibles de Martín Caparrós

Dice Martín Caparrós que si hubiera podido escoger, le hubiera gustado nacer mujer. Una femme fatale, aclara: “una de esas que saben que tienen el poder de hacer que sucedan cosas con su belleza. Me gustaría saber cómo es eso de usar el cuerpo de una manera eficaz”.
Habla una tarde cualquiera de las que se suceden vertiginosas en la feria Internacional del Libro de Guadalajara, evento anual al cual asiste con regularidad, porque siempre tiene un libro recién editado que presentar. Quizá lo dice porque es su humor en ese momento, o quizá en el fondo sí le hubiera gustado ser algo muy diferente a lo que es: alguien que no estuviera obsesionado, como está él desde los seis años, con contar historias.
Dice también que le hubiera gustado vivir en la época de la República romana. Y luego se da cuenta:
Martín Caparrós
– “Ah, pero eso es una trampa, ¿no? Uno siempre se piensa a sí mismo dentro de cierto círculo social interesante de la época que le gusta porque esos son los que se conocen o se estudian. Cuando pienso en la época de Julio César yo me imagino como alguien que se trabaja cerca de Julio César y en general uno vive en su época en un sitio mucho más modesto.
Así que no añade más nada, porque no está muy seguro si de verdad le gustaría vivir en aquella época dorada de la antigüedad como un hombre desconocido. Porque Martín Caparrós habla desde su condición de escritor. De incansable contador de historias. Porque le gustaba escucharlas, en la universidad se licenció en la carrera de Historia en París. Lo otro, dice, lo de escribir “no es nada que no se adquiera leyendo un poco, nada muy misterioso”.
Y he aquí que en apenas trecientas palabras, el autor nacido en Buenos Aires en el año 1957 ha contado tres historias: la Martina que sabe usar el cuerpo, la de un cronista de la vida de la República romana y la del hombre que estudió historia, pero construyó su vida contando ficciones. Porque como leerle, hablar con el autor de Comí, El Hambre y Los Living –por sólo nombrar tres obras suyas publicadas en los últimos tres años–, es un viaje por las historias probables y las posibles. Porque dice que no quiere seguir escribiendo, pero nunca termina de dedicarse a lo que dice que de verdad quiere hacer: el zapateo latinoamericano.
 “Por un lado me da un poco de pereza reportear y por el otro también me da un poco de pereza escribir novelas clásicas o tradicionales para ser publicadas como libros de trescientas páginas”, dice el escritor de Lacrónica, un volumen donde mezcla sus memorias en el oficio periodístico con sus ideas sobre un género que desde hace una década está entre los principales de la literatura latinoamericana, la crónica. No le creemos, porque al ganador de los premios Planeta Latinoamérica, Rey de España y de la beca Guggenheim, le interesan tanto la narrativa de ficción como la periodística. “Ambos y me atraen de la misma manera, pero en distintas situaciones prefiero uno u otro. Cada tema que se me ocurre, ya incluye la forma en la que voy a tratar de mostrarlo”.
 Puntualiza que no es el momento de la crónica,  sino de su prestigio, “de su consideración”; luego explica: “Tiene un éxito importante que no se traduce en una circulación representada en los medios periodísticos, por eso salen muchos libros, porque hemos aceptado que debemos refugiarnos allí en la medida en que los medios siguen teniendo miedo a publicar nada que dure más de dos mil caracteres”.
No responsabiliza a la revolución multimedia de la crisis de la prensa escrita. Dice que ha sido culpa nuestra que la supuesta revolución de la informática llegara hasta estas alturas porque hemos intentado competir contra los medios masivos sin aprovechar la única arma eficaz que tenemos: la buena escritura. Porque hay cosas que un texto puede hacer y la imagen no. “Estamos en un momento de consideración cuya debilidad se muestra por el hecho de que la mayor parte de lo bueno que se escribe se publica en libros y también en unas pocas revistas que siguen siendo relativamente marginales”.

@michiroche


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