jueves, 5 de mayo de 2016

La untosa sustancia del presente


Las envidias de Demóstenes en la era de la polis griega, los inicios del interés en el comportamiento infantil del psicólogo Jean Piaget, el descubrimiento de las asombrosas (pero fatales) habilidades lingüísticas en el idioma castellano de Noam Chomsky, un partido de cartas hipotético entre Julio Cortázar, Stephen King, O. Henry y H.P Lovecraft, así como también el insólito resultado de la traducción de una novela policial son algunas de las anécdotas de La manzana de Nietzsche, la colección de relatos más reciente del autor venezolano Juan Carlos Chirinos. Por su puesto que hay un cuento a cerca del filósofo alemán y otro donde el protagonista es uno de los próceres favoritos del autor, Francisco de Miranda. Pero lo importante es moverse entre uno y otro momento de la historia y saber que nunca se ha salido del ahora. La publicación de Ediciones La Palma muestra el trabajo de un erudito: un hombre que busca en los signos del pasado las claves del mundo que habitamos. Para esclarecerlo o enredarlo.
La manzana de Nietzsche
“Quiero escribir dejando que se escurra sobre el papel la untosa sustancia del presente”, dice el narrador de su cuento “Instrucciones para tergiversar la historia” y al lector no le quedan dudas de que esa misma es la intención del libro de cuentos del autor de las novelas Nochebosque (2011) y Gemelas (2013): embadurnar su obra con trazos de las preocupaciones actuales usando anécdotas del pasado. “Los historiadores no tenemos otra opción sino la de buscar con la fe puesta en los hallazgos, no en los fracasos, que son tantos”, apunta en el mismo relato. Pero son los fracasos los que construyen los meandros de la literatura en La manzana de Nietzsche. Y no podía ser de otra manera.
Por eso el autor nacido en la ciudad andina de Valera en el año 1967 muestra el cambio que sufrió el estilo de la escritura de Nietzsche cuando en 1882 adquirió su primera máquina de escribir, en la tienda de los Herederos de Moses Mendelssohn-Bartholdy. “Antes, tus cartas solían ser tersas piezas que acariciaban los ojos del que las leía; ahora se han vuelto más estrictas y creo estar leyendo un telegrama lleno de hermosas palabras (…) dispuesto a entregar su mensaje, y nada más”, le escribe a Nietzsche su amigo Julius, un músico que intenta terminar una sinfonía. Por eso Chirinos se regodea en el susto de Chomsky que, de pronto, en el mismo instante en que muerde una grasosa empanada de carne, se percata de que puede entender el castellano sin haberlo estudiado nunca, para descubrir que el dictadorzuelo del país caribeño al que visita invitado por el gobierno no tiene el mejor plan para el resto de su estancia. “El conocimiento tiene un precio siempre”, reflexiona el crítico social estadounidense en “El alfabeto del profesor Chomsky”. Por eso el ganador de la bienal Ramos Sucre del año 2003 con la colección de relatos Homero haciendo zapping dirige la atención de los lectores a la correa del pionero en psicología infantil, Jean Piaget, que desde pequeño se interesaba en el comportamiento de sus compañeros: “el futuro director de la Oficina Internacional de Educación de la Unesco.
En ninguna otra colección de narrativa breve como ocurre en estos diecisiete relatos que componen La manzana de Nietzsche se cumple con tal cabalidad lo que el Handbook of Latin American Studies de la Librería del Congreso de Estados Unidos dice de los personajes de Chirinos: que existen en “un continuum de realidad-ficción sin una división clara entre ambas”. El volumen es Chirinos en su más pura esencia: la ilustración al servicio del más irónico optimismo.


@michiroche
  

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