viernes, 12 de febrero de 2016

Gombrowicz, nuestro contemporáneo


El título intenta establecer, de alguna manera, un paralelismo con aquel famoso libro de Jan Kott (otra vez, un polaco),  Shakespeare, nuestro contemporáneo, ya que, en la última década, Witold Gombrowicz está, en Argentina, más presente que nunca; y, sin duda, se debe justamente a su contemporaneidad, o mejor, a la contemporaneidad de su obra, que parece interpelar por igual a escritores, investigadores, dramaturgos, directores y actores, que no dejan de volver persistentemente a su obra, al punto que, en 2014, por ejemplo, se produjo en Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”, un gran acontecimiento ferdydurkista: el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz, celebrando los 75 años de la llegada del autor de Ferdydurke al país (1939-2014). Es en este contexto que la editorial el cuenco de plata (todo en minúscula) ha decidido reeditar la totalidad de la obra del genio polaco. Entre los títulos que salieron solo en 2015, se destacan el volumen de cuentos Bacacay y las novelas Cosmos y Trans-Atlántico. Es sobre esta última que quisiéramos detenernos, ya que es allí, a través de la autoficción, donde Witold Gombrowicz revive su llegada a la Argentina -a través de la voz de su protagonista, el mismo Gombrowicz-: “El veintiuno de agosto de 1939 llegué a bordo del Chrobry a Buenos Aires (…) Tan pronto como el barco atracó nos internamos en la ciudad (…), totalmente a ciegas, como unos Bobos, ya que ninguno había puesto jamás un pie en esas regiones.”.

Trans-atlántico
La presencia de Gombrowicz en la Argentina es, hoy, insoslayable. Pasó de ser concebido casi como un outsider por el campo intelectual local, a ser un autor fundamental para entender la literatura argentina. Como sostiene Ricardo Piglia en Formas Breves (2011): “Artl, Macedonio, Gombrowicz. La novela argentina se construye en esos cruces”. La obra de Gombrowicz no deja de problematizar las mismas obsesiones a través de un yo desdoblado, pensado para ser, al mismo tiempo, voz del sujeto empírico y del sujeto construido en y por la ficción. Entre la autoficción (Trans-Atlántico, por ejemplo, lo que nos ocupa) y la autobiografía ficcionalizada (Diario), Gombrowicz construye una voz que funde –y confunde– tanto al sujeto histórico como a aquel construido en y por la ficción. Gombrowicz, en el prólogo a la novela, afirma: Trans-Atlántico es un poco de todo: una sátira, una crítica, un tratado, un divertimento, un absurdo, un drama…, pero nada de eso en forma exclusiva, porque, en definitiva, no es otra cosa sino yo mismo, mi “vibración”, mi desahogo, mi existencia”.
Ezequiel Gusmeroti

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