martes, 29 de septiembre de 2015

Raquel Abend van Dalen: “Mi desarraigo comenzó mucho antes de haberme ido del país”

A los 26 años, Raquel Abend van Dalen es una escritora con publicaciones en poesía y narrativa que han merecido varios premios en Venezuela. Su primer libro, el poemario Lengua mundana lo editó Común Presencia en 2012 y, al año siguiente, Bid. & Co. publicó su novela Andor; además ha estado en el cuadro de honor de concursos como el Premio de Poesía Nacional Universitario de Autores Inéditos del sello estadal venezolano Monte Ávila Editores en 2012 y del Concurso Transgenérico organizado por la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana. Nacida en la capital de Venezuela el mismo año en que sucedió el Caracazo –denominación que recuerda la primera vez que las Fuerzas Armadas apagó con violencia una serie de protestas callejeras–, van Dalen ha articulado su obra poética a partir de dos ethos de su generación: la exploración del cuerpo, como hizo con Lengua mundana, y la experimentación con los motivos urbanos, como hizo en su obra más reciente, Sobre las fábricas. “Limpio el piso del baño, / la poceta, las paredes, la ducha, / limpio la casa/ me limpio,/ limpio,/ el cuerpo, lo que hago,/ limpio,/ pago penitencia/ por todo lo que digo”, el poema numerado XXIX representa una curiosa síntesis de ambos motivos. Ahora vive en Estados pues asiste al Master de Escritura Creativa en New York University y trabaja en un poemario llamado Hotel de santos. Dice que a todo el mundo le vendría bien un poco de desarraigo: “A veces hace falta salir de la ciudad en que se nació, de lo materno, para ubicarse proporcionalmente en el mundo”.
Raquel Abend van Dalen

–En Sobre las fábricas hay una intensa reflexión sobre la condición urbana: No solo sobre las ciudades, sino sobre las personas que las habitan. ¿De qué manera esa particularidad de ser citadina informa el resto de tu poesía? ¿Podría considerarse un motivo recurrente en tu obra?
– Lo urbano es un escenario inevitable cuando se habla sobre desarraigo, dado a que esa falla en la forma de vincularse con lo propio, generalmente ocurre después de que cambia esa “urbanidad”. Sea porque uno se desplaza o porque no logramos crear una relación íntima con el espacio que a uno lo rodea. En este sentido, mi desarraigo comenzó mucho antes de haberme ido del país. Ya desde mi primer poemario, Lengua mundana, hay una necesidad de entender un escenario que encarcela y amenaza a quien lo habita.

– Por momentos hay imágenes de Caracas, a las cuales no percibo precisamente como nostálgicas. ¿Es esta ciudad una experiencia fragmentada, un lugar de paso para buscar nuevos horizontes? ¿O es que esta condición es propia de lo urbano?
– Lo fragmentado no es necesariamente una condición de lo urbano. Depende de muchos factores, casi todos más relacionados a los habitantes que a la propia geografía natural y urbana de un lugar. En mi caso, es muy pronto para saber si Caracas quedará como un lugar de paso. Espero que no. Ha sido una ciudad importante en mi familia, dado que siendo todos extranjeros, coincidieron en ese espacio para hacer su vida. Actualmente la cualidad fragmentaria de Caracas funciona a la inversa, para muchos se ha vuelto un lugar de divisiones. La Caracas de hoy pide un discurso descarnado que pueda lidiar con la situación actual, hace mucho tiempo que se dejó de tratar de nostalgia.

– Ahora que vives en Nueva York, lugar modélico par la experiencia de lo urbano, ¿Ha cambiado de alguna manera lo que percibes en estos paisajes?
– Nueva York es una ciudad indomable, nunca deja de impactar y de removerte. Hay que estar alerta en todo momento porque si te detienes, te pueden llevar por delante. Vivir tres años en un lugar así, por supuesto que cambia la forma en que percibes todo, absolutamente todo.

– En una entrevista anterior me dijiste: “En la poesía no tengo más remedio que confrontarme conmigo misma”, quizá refiriéndote al espacio íntimo desde donde sale cada verso y me pregunto si en Sobre las fábricas, visto el motivo urbano sobre el que vengo construyendo la entrevista, la experiencia fue más externa.
– Fue tan interna como externa. Creo que no existe una cosa sin la otra cuando uno se está re-conociendo en un nuevo espacio. No hay forma de que la ciudad, cualquiera que sea, no afecte interiormente a nadie. El acto de escribir siempre me va a confrontar conmigo misma, pero la manera en que ocurre cambia según el entorno.

@michiroche


jueves, 24 de septiembre de 2015

Leer para descubrirse

A los 19 años, cuando apenas había salido del curso preparatorio de la Escuela Normal Superior de París, Agnés Desarthe se sentía incómoda en cualquier biblioteca y su perfil no era el de una intelectual come-letrasAunque estudió en la ENS, la institución de enseñanza creada durante la Revolución Francesa en donde aún se educa la intelligentsia gala y sus padres pusieron empeño en desarrollar su interés por las letras, Desarthe no se atrevía a decir que le disgustaba leer. Tuvo que vencer sus propios miedos para convertirse en la traductora de renombre, que ha puesto lo escrito por Virginia Woolf y Cynthia Ozick en francés, y la narradora consagrada que es hoy –su novela Un secreto sin importancia (1996) ganó el Premio Livre Inter y vendió más de 50.000 ejemplares en un mes–. Cómo aprendí a leer cuenta esa historia y confiesa el odio que encerraba un amor profundo.
Cómo aprendí a leer
El libro cuenta una travesía desde la niñez hasta la adultez navegando sobre la narrativa, la poesía y el ensayo con el objeto de reconocerse en la palabra escrita. “Cada vez que un personaje, sea en un libro o en una película, descubre el alfabeto, lloro. Poco importa la calidad de la obra, lo que yo busco es la escena: Un dedo que sigue una serie de letras y consigue, por primera vez, desentrañar su sonoridad, descifrar su sentido. No hace falta más: se me caen las lágrimas”, escribe.
Hija de una rusa hebrea y de un libio, para la autora nacida en París en 1966 existe un vínculo entre la persecución, el exilio, la humillación social y la lectura –“entre la palabra ‘judío’ y la palabra ‘libro’”–, que la incapacitaban para reconocerse en la palabra escrita: “Durante años me he negado a leer porque mi abuelo materno había sido deportado; porque la familia de mi padre se había visto obligada a abandonar Libia y después Argelia; porque, a pesar de nuestros esfuerzos nunca éramos lo bastante franceses, lo bastante burgueses; porque la lectura por un desgraciado juego de prestidigitación, estaba asociada con Francia, la Francia del terruño, el terruño que nunca conocería, que nunca poseería”.
En el libro editado en castellano por Periférica, la lectura permite que Desarthe descubra su identidad como mujer, como ciudadana francesa y, más importante aún, como escritora. Pero el paso entre la joven estudiante que, a pesar de que ocupaba gran parte de su tiempo libre con los libros, despreciaba la lectura y la traductora adulta que la convirtió en una herramienta profesional ocurre, como en todas las aventuras heroicas, a partir del descubrimiento de la ayuda mágica. En el libro Shosha de Isaac Bashevis Singer, que encuentra por casualidad, se identifica con todos los personajes, con el ambiente, incluso con los objetos inanimados que muestra el autor que escribió toda su obra en Yiddish. Esa lectura le despertó un feroz apetito y devoró, una tras otra, las obras del ganador del Premio Nobel de 1978. En su cuentos “Yentl el niño del Yeshivá”, por fin, encontró la respuesta a la pregunta inspirada por Mijail Bajtín: ¿desde dónde leemos?
La historia de una niña cuyo padre rabino la enseña a discutir la teología judía desafiando la tradición la introdujo a una feminidad transgresora que le hizo comprender el lugar que ocupaba en el mundo. “Leer a Singer no sólo permitió que una voz, hasta entonces ausente, se elevara para ofrecer por fin las historias de mis orígenes con lagunas, sino que también me dio acceso a una nueva proposición, a una repartición diferente de los atributos y posibilidades relacionadas con el género”, escribe en el libro: “Ya no era mi familia contra Francia, ni mis padres uno contra otro, era el mundo de antes contra el mundo de ahora; y en el seno de esta contradicción: la mujer sumisa contra la mujer sabia”.
El lector inocente pensará que Cómo aprendí a leer se trata de una declaración del amor por los libros de una escritora, pero eso sería como repetir alguna frase vacua como esa de que la lectura es un viaje a otros mundos sin moverse del asiento. La lectura es más que escapismo y placer, se trata de una herramienta para conocer y reconocerse; es una forma de apaciguamiento de los impulsos básicos y una necesidad para interpretar el mundo. Así, este libro es más que la historia de un recorrido iniciático, es la suma de esas reflexiones sobre los libros es una evidencia de la estructura de relaciones entre las culturas a través y los entramados lingüísticos que las diferencian que se articulan a partir de lo escrito. Es un homenaje a la lectura como espina vertebral del conocimiento y las relaciones entre culturas.

@michiroche

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Voces de la locura corriente

Francisco Arévalo es poeta y con algunos premios que han reconocido su dominio de la lírica, prueba suerte con la novela. Su primer amago, La esquizofrenia de las golondrinas, obtuvo el premio Fundarte de novela. Las suspicacias y las hablillas del mundo literario no se hicieron esperar.
Háblame, háblame Iolanda
Con otra novela Háblame, háblame Iolanda (Ediciones Estival 2014) reincide con su peculiar universo narrativo. La oralidad le sirve como pivote para presentar un buen número de microhistorias, caracterizadas por una crudeza que raya en lo grotesco. En la novela dos mujeres dialogan o para ser especifico: una habla y la otra es sólo oídos. Una es paciente y la otra siquiatra. La que habla es cineasta, pero la hace de fotógrafa y es un caso clínico con posibilidades de salir de sus naufragios nerviosos. A esta voz se incorpora otra voz (Lucho) que es algo así como un escultor con mucho vicio (alcohol y droga). Cada capítulo va precedido de un epígrafe. Frases de una gama variada y de personajes del mundo de las letras, el cine, el arte o la música. Algunos son enigmáticos como este de Pessoa: “Seré siempre el que esperó a que le abrieran la puerta, junto a un muro sin puerta”. También los hay de un humor raro como este de Frank Sinatra: “Uno tiene que vivir, porque morir es muy molesto”.
De la mujer que habla (Iolanda Teresa Bruno Freites) conocemos mucho. Mientras de la que escucha (Rosa María) no sabemos nada, pero de algún modo una es espejo y la otra en un mero reflejo. A la que habla/narra se podría definir con esta frase: “Los loqueros comprendieron que mi grito más fuerte era el silencio,…”
El autor aparte de ese artilugio de médico/paciente para echar a andar la novela emplea otros recursos como el diario, las cartas/notas tradicionales y con dichos elementos estructura una narración de gran fluidez, sin mencionar que los capítulos son breves y le permiten un respiro al lector de una logorrea florida y que trata de unir las piezas desarticuladas de una vida.

La novela concluye con una frase de un autor que ya nadie lee como Anatole France. “Una persona nunca es feliz si no es pagando el precio de ser un poco ignorante”. Aunque no hay que ser un pesimista aguafiestas ya que la felicidad, como lo expresa Fernando Savater, podría consistir en una receta minimalista: “Gustos sencillos y mente compleja”.

martes, 22 de septiembre de 2015

Owen Sheers versifica la guerra

La primera vez que Owen Sheers visitó Buenos Aires utilizó los poemarios de Jorge Luis Borges como un mapa de la ciudad. El autor galés está convencido de que la poesía puede describir el paisaje externo y el interno de un país y de su gente. No era la primera vez que hacía algo así, lo había practicado ya en algunas ciudades francesas y en otras de Alemania. Y de hecho, esta convicción a cerca de las propiedades “geográficas” de los libros de poesía es tan fuerte que es la base de toda su obra literaria, pues a partir de esta ha publicado cuatro libros en el género lírico, la crónica de la fascinante vida en África de un antepasado suyo, una novela exitosa y creó un programa de televisión que lo convirtió en uno de los autores mas conocidos de su generación. El proyecto producido por la BBC se llama A Poet’s Guide to Britain y se trata de una serie de programas de televisión de media hora de duración en los que analiza a escritores ingleses a partir de poemas y paisajes significativos en sus vidas o en sus obras.
Owen Sheers
En la última década, este autor que también ha incursionado en teatro ha recorrido las principales ferias de literatura del mundo hispanohablante, como el Hay Festival de Cartagena y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ahora viene a Segovia participar en el Hay Festival que se celebra en esa ciudad hasta el 27 de septiembre. Sheers siempre se ha mostrado interesado en aprender a cerca de lo mejor que la poesía y el paisaje en español pueden ofrecerle, desde los clásicos como Ocativo Paz, Pablo Neruda y el ya citado Borges, hasta los escritores más contemporáneos como el colombiano Carlos Andrés Almeyda Gómez y el argentino Andrés Neuman, ambos traductores de su poesía.

En castellano y en prosa. Pero a pesar de que es justamente en la poesía el género en el cual le interesa más – “debo decir que si pienso que he escrito un buen poema ése es el momento en el que me siento más satisfecho”, dice al respecto sonrojándose cuando debe escoger entre la prosa y la lírica–, su obra en castellano más conocida es la novela Resistencia que ha sido traducida a una decena de idiomas y que en 2011 se convirtió en una película para la pantalla grande, cuyo guión Sheers se encargó de co-escribir. La obra está ambientada en Inglaterra, durante el otoño del año 1944, y supone que el embarco de Normandía fracasó y que Stalingrado también cayó bajo l brazo de hierro del avance nazi. Y mientras el ejército alemán cruza el Canal de la Mancha y ocupa Gran Bretaña, Sarah Lewis, una campesina de una remota aldea galesa al pie de las Montañas Negras, Sarah Lewis descubre que su esposo desapareció y ahora se ve obligada a enfrentar la ocupación nazi junto al resto de las mujeres del pueblo que también se han quedado solas repentinamente. Allí el autor galés nacido en 1974 en la isla de Fiji teje una historia de amor y sacrificio en la que demuestra el efecto que tiene la guerra sobre la personas más vulnerables.
El libro de 390 páginas es también un tributo a la geografía donde creció el autor. “Las novelas tienen sus orígenes en varios lugares y así me pasó con Resistencia. El primer asunto que me motivó fue el paisaje. Estaba interesado en estos valles en las Montañas Negras, pero al mismo tiempo en que estaba pensando en eso, comencé a aprender sobre una organización secreta llamada las Unidades Auxiliares, una red de voluntarios de la resistencia inglesa entrenados para ser la línea final de asalto durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando comencé el proceso de escribir la novela, ya las historias de personas que habían pertenecido a este cuerpo encubierto habían comenzado a filtrarse en periódicos locales. Incluso un campesino que yo conocía comenzó a contarme cómo a la edad de 17 años lo reclutaron en esta organización. Fue así como comencé a entender que esta fue una organización muy controversial porque si los nazis hubieran invadido el Reino Unido esta hubiera sido la única organización de resistencia inglesa planeada y, además, estaba conformada por civiles que tenían la orden de continuar sus acciones sin importar las órdenes del gobierno”, explica Sheers, cuyo más reciente libro es Pink MistNiebla Rosada, en castellano– , un drama escrito en verso protagonizado por tres jóvenes soldados de la ciudad inglesa de Bristol que fueron enviados a la guerra de Afganistán.
“La gente que está más cerca de la tierra tiene una idea más fundamental de nación”, dice el autor nacido en 1974 refiriéndose a su interés por los parajes apartados y por las características de sus compatriotas que conoció investigando para el libro. “Fui a ese valle en las montañas negras e identifiqué un patrón histórico en ese valle que me pareció interesante, pues allí convivían incluso en esta época personas o grupos a quienes les habían hecho pensar que podían vivir de una manera diferente al resto de nosotros debido al aislamiento de esa zona. Por eso creo que la tipografía de la región tiene influencias en la mente de la gente y pensé que si podía relacionar todas estas cosas”, explicó el autor antes de confesar que Resistencia, como luego se hace evidente en Pink Mist, también tiene mucho la novela de la época en que la escribió, que fue luego de la invasión de Irak y de Afganistán. Como Sheers tiene amigos en el ejército británico, entiende bien qué asuntos les preocupaban, qué es lo que pasa por sus cabezas en los momentos aciagos, en los períodos de tranquila tensión que siguen a cada batalla. Por ejemplo, Sheers sabe, porque ellos se lo han contado, hasta qué punto se acaban los ejercicios de resistencia y comienzan los de supervivencia.

@michiroche


viernes, 18 de septiembre de 2015

Néstor Mendoza, pasajero de voz y gestos

Néstor Mendoza es un observador que transita en busca de rostros, gestos y actos. Aparta la carne y escudriña en el cansancio, la bondad y la tristeza. Sus versos se alimentan de lo cotidiano e íntimo.
Mendoza (Maracay, 1985), quien fue el ganador del IV Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo, mención poesía, con su obra Andamios publicada en el 2012 por la editorial Equinoccio, presenta su segunda obra, Pasajero, con el nuevo sello de Dcir ediciones (fundado por el maestro Carlos Cruz-Diez y la poeta Edda Armas). Dicho libro se divide en tres partes constituidas por 28 poemas. Bien es cierto que prevalece el verso libre, pero se destacan dos composiciones poéticas antiguas: Una sextina en el poema del mismo nombre y una cuaderna vía en los versos de “Prisionero”.
Pasajero, de Néstor Mendoza
En el primer poema, del cual recibe el título esta edición, nos lleva a un entorno mecánico de lata y humo, donde hombres y mujeres se desplazan con todo el peso de la rutina sobre el asfalto. El poeta pasajero en el camino suda a través de un ritual diario y dice que no es un extraño, que su vida se cruza con los pesares, con los sueños de otros en un autobús: “Hay un poco de inocencia / en estos perfiles: / algunos cierran los ojos / en un sueño momentáneo, / se dejan detallar, auscultar. / Sin que lo noten, presentan una mueca íntima, / un gesto breve. / Admiro a las personas que duermen / en el autobús, ofrendan el sueño y no lo saben” (…) “Gente buena que me mira, en el bus, y escarbo / su costado amable, muy adentro”.
En “Un hilo claroscuro” se repite esa observación cotidiana y minuciosa, capaz de exponer con notable sencillez a los transeúntes y su entorno: “Así van los hombres deliberadamente ausentes; / con su cuota de sol, marchan / y no preguntan qué sucede en los negocios / y la sombra que a esta hora no existe”. Pero al igual está el reclamo hacia el dolor, la violencia y la muerte en el país, que recibe el nombre de mes, “Febrero” quizás un 12 de febrero de 1814 o 2014: “Hay una pequeña urna donde pretenden acumular / el exceso del paisaje incómodo, / doloroso / (manos y piernas quietas / para siempre) e hincar, hondo, / el acero del fusil”.
Lo femenino palpita en este poemario. La mujer protagonista en esta obra es, a veces, la criatura “Dócil” que sufre la injusticia de los golpes de su amante. De esta manera, Mendoza se atreve a mostrarnos un cuadro sobre la violencia de género del que fue testigo: “Una cantidad indeterminada / de puños se ensañó contigo. / Quebró la longitud blanca del hueso, / en partes que no pueden armarse de nuevo, / o que yo, particularmente, no sé armar”. O la compañera que en la intimidad admira, ama y de la que estudia los más mínimos “Gestos”: “Para mí, no existe una sola cara: / puedo interpretar muchas sonrisas / que me indican tu aprobación, / cuando ignoras sin querer / y amas sin que te des cuenta”. Una mujer siempre está presente en su deseo, en su mente, en su rito personal, y ello se aprecia y confirma en “Breve anatomía”: “Dentro del cuarto, / todo lo que admiro duerme en mi cama, / tiene cuerpo delicado y menstruación”.
La sensualidad la hallamos en cada poro de “Barbería”, hombre que toca el rostro de otro: “El que está sentado agradece la navaja, / el trazo suave que poda el cabello / y alínea las patillas.”(…) “Hay un gesto masculino, paterno, / que ambos notan, que se impone”, pero más allá de géneros hablamos del despertar de los sentidos. Esos que muchos asumen dormitados por  tratarse de un corte de pelo que se anota en la lista de la rutina.
Dios también es cotidiano en los versos de Mendoza. Ya lo leímos en Andamios donde un niño corre detrás de Dios cuando suena el timbre en la escuela, porque para él no está  lejos, no está disfrazado de religión, sino de hogar, madre, abuela, esperanza y así nació de una naranja en su poema “Fundación”: “Dios bajó de su burro / sin mirar el horizonte / que dejaba atrás; / solo bendijo la tierra / que habitarían / sus hijos”. Y se niega rotundamente a creer que el hijo de Dios es una imagen de yeso que cuelga inerte en una pared donde le rezan, así lo escribe en Devoción: “Es una figurilla que cuelga laxa, / descarada: ya dejó de ser piel / y aparece la blancura del yeso”.
Pasajero con sus notables y cuidados versos nos deja la impresión de que Mendoza se arriesga, mejora y madura en cada obra que publica y desde ya forma parte de la historia de la poesía venezolana.


jueves, 17 de septiembre de 2015

Cartas a un poeta maduro

Lo primero que llama la atención de El cielo de Lima (2014) es la agilidad informada y cautivadora de la prosa de Juan Gómez Bárcena. El autor nacido en Santander en 1984 toma un motivo por antonomasia del melodrama, el intercambio epistolar entre enamorados separados por el Océano Atlántico, y sin detenerse en descripciones vacuas ni en acciones demasiado truculentas hace un retrato del mundo cultural de principios del siglo XX en Perú –marcado por irreconciliables diferencias sociales–, a partir de una travesura de dos aspirantes a poetas que pretenden enamorar de una mujer ficticia a Juan Ramón Jiménez, autor canónigo de la letras en castellano. El resultado es que, al cabo de las 317 páginas de la publicación editada por Salto de Página, una historia de amor entre un autor y un personaje se transforma en una metáfora de la literatura, entendida como la capacidad de unir las emociones de personas que habitan contextos completamente distintos, convirtiendo los imaginarios íntimos en sueños de grupo.
El cielo de Lima
José Gálvez y Carlos Rodríguez son dos jóvenes poetas mediocres que se hacen pasar por una señorita limeña llamada Georgina Hübner con el objeto de conseguir el ejemplar de Arias tristes (1903) firmado por el autor, quien ha ignorado sistemáticamente las cartas halagadoras que ambos veinteañeros le han enviado. Pronto, sin embargo, lo que comienza como una treta pícara se convierte en una faena capaz de resquebrajar una amistad y, quién sabe si también estropear el corazón de uno de los poetas más importantes de la primera mitad del siglo XX. “La primera vez parece una broma, pero luego resulta que no es una broma”, escribe Gómez Bárcena, que en 2008 resultó finalista del XII Premio Vargas Llosa NH de libro de relatos: “Uno de los dos dice casi sin pensarlo: sería más fácil si fuéramos una mujer bonita, verías como entonces a don Juan Ramón se le iba el alma en contestarnos, esa alma suya de violeta, y entonces se interrumpe de pronto, los dos jóvenes se miran un momento y casi sin quererlo la travesura ya está urdida, ríen, se felicitan por la ocurrencia, intercambian palmadas y vasos de pisco, y a la mañana siguiente se reúnen en la buhardilla con un pliego de papel perfumado, que Carlos se ha acordado de robar del escritorio de su hermana”.
Desde ese momento y hasta el final del libro se describe la historia que tejen las obsesiones de dos jóvenes literatos cuyas ideas sobre el amor y la femineidad –o, más exactamente, sobre cómo deberían ser los personajes femeninos, puesto que José imagina a Georgina morena y buscona, mientras que para Carlos es una la rubia de castidad mariana– se enfrentan en la confección de su mejor ficción: la de una mujer que enamora al célebre autor de Platero y yo (1917). Pero entre uno y otro momento transcurre en Perú la huelga de los estibadores de del Callao, que exigen rebajar la jornada laboral a ocho horas diarias, los viajes trasatlánticos de un buque que va entre los puertos de Buenos Aires y Barcelona lleno de cartas donde habita una rata filantrópica que se come las malas noticias y, lo más importante, ocurre la transmutación del par de jóvenes soñadores en dos adultos cínicos. Mientras tanto, Gómez Bárcena escribe en clave de metaliteratura la historia de dos poetas que quieren seducir a quien, medio siglo después de la fecha en que se ambienta esta novela, ganará el Premio Nobel de Literatura, pero escribe también un poco de su propia historia de autor que mira desde el futuro a una tragedia desarrollarse: la de “un hombre que intenta hacerle el amor a un fantasma”, la de un escritor que se enamora de un personaje. Basada en una anécdota tomada de la vida de Juan Ramón Jiménez, el también autor del libro de relatos Los que duermen (2012) escribe como un lector que sueña dentro de una novela poblada de escritores que llevan a cuestas sus ficciones reales.

@michiroche


martes, 15 de septiembre de 2015

Lena Yau: “Mi relación con la comida es análoga a la que tengo con las letras”

Después de un concierto de Otilio Galíndez en Maracay, una ciudad al norte del centro de Venezuela, Lena Yau se sentó a escribir una crónica sobre lo que había escuchado. No era la primera vez que tomaba notas de las experiencias de su vida, pero sí fue la primera en que pensó publicarlas. Así que le pidió a su madre que la llevara al correo, desde donde envió su escrito al periódico regional. El domingo siguiente, apareció en la hoja dominical de esa publicación. Los miembros de su familia se quedaron impresionados: Yau apenas tenía doce años.
Lena Yau
Foto: Efrén Fernández Arias
Pero el hambre de la literatura se había manifestado hacía tiempo en su espíritu. Ya desde los seis años era una lectora asidua y había comenzado a pergeñar notas en cuadernos que décadas después se convirtieron en sus primeros diarios. Su andadura por las letras comenzó dos años antes de que probara su primera arepa. Por eso, sin saberlo, Lena era ya una escritora extranjera en su país. Y esta sensación se acrecentó cuando a los treinta años volvería a la patria que sus padres habían dejado durante el franquismo: España. Y se sentiría aquí también como una inmigrante. “Siempre estoy como estirada, mirando hacia los dos lados. Desde España miro hacia Venezuela, desde Venezuela miro hacia España. Aquello que me hace madre de un hijo extranjero es la mesa: Mi hijo no crece con las mismas comidas que yo y eso me preocupa. Pero luego me doy cuenta de que, al final, tiene la misma experiencia que tuve yo como hija de inmigrantes en Venezuela. Como yo era la mayor, probé comida criolla muy tarde, pues mis padres querían conservar su cultura por medio de lo que comíamos en casa”, dice la autora que acaba de publicar su primera novela con el sello estadounidense Sudaquia, Hormigas en la lengua (2015).
Es por esa razón que la experiencia de lo híbrido es el asidero no solo de su novela, sino también de sus dos poemarios publicados por la editorial española Gravitaciones, Del hambre (2014) y Trae tu espalda para hacer mi mesa (2015). Sin emabrgo, diferente a otros autores divididos entre nacionalidades y culturas diferentes, Yau ubica su experiencia diversa en lo gastronómico: en la paleta sensorial que convierte a lo autóctono y a lo extranjero en el fundamento de la propia existencia.

– La confluencia entre la gastronomía y la literatura informa toda tu obra. ¿Causa la comida el deseo de escribir? ¿O es al revés?
– Son consustanciales. Los sabores me componen, igual que la voz hace a un escritor. Me desconciertan de la misma manera un plato y un libro. Mi relación con la comida es análoga a la que tengo con las letras: tengo temporadas en que como desaforadamente y leo y escribo desaforadamente. A estos los llamo los períodos floridos. Luego tengo temporadas en que me retraigo y me pongo reflexiva; hay escritura, claro, pero me pongo un corsé. Como si estuviera a dieta. Cuando cambio la manera de comer cambia mi manera de soñar y, con eso, mi manera de escribir.

– Así que escribes también a partir de lo onírico.
– Tengo muchas pistas para la escritura en mis sueños. Llevo un diario donde los transcribo y encuentro allí las claves de lo que tengo que resolver, tanto en la escritura como en la vida. Lo interesante de ese trabajo sueños es que uno piensa que sus imágenes están claras, pero el lenguaje que utiliza para describirlas las transforma.

– ¿Qué papel juega en ese mundo entre onírico y literario en tu experiencia como inmigrante, que también fue la de tus padres?
– No tengo sombra, porque soy inmigrante y las historias de los inmigrantes se escriben sobre el agua, y el agua se borra. Por eso, cuando miro hacia atrás, no hay nada mío. Y en España tampoco. Yo hice lo mismo que hicieron mis padres: caer en un lugar y dejarlo todo atrás. Cuando llegué a España tuve que reconstruirme para entender lo que soy y ese cisma personal me impedía hacer muchas cosas. Primero tenía que entender eso antes de poder escribir: que era una autora en suspensión. Tenía que llegar además a un sitio como Madrid donde no tenía historia personal. Esta ciudad es mi página en blanco.


@michiroche

Vuelve Colofón Revista Literaria

Después de un merecido descanso, volvemos con las tintas cargadas, tal como lo prometimos. Y qué tintas.
Jay Mantry
En el último cuatrimestre del año 2015, mientras se multiplican los eventos literarios de alto vuelo en la comarca de la Ñ, Colofón Revista Literaria celebrará su primer año. Sí, hace casi 12 meses que comenzó sus andares esta revista en línea y vamos a conmemorarlo con la entrada de nuevos colaboradores regulares, más secciones y mucha literatura. Queremos además premiar la fidelidad de nuestros lectores, así que debes estar pendiente para los sorteos que realizaremos la semana del 3 de noviembre, fecha en la cual se lanzó la primera entrevista exclusiva de Colofón Revista Literaria.
A continuación te mostramos los "hastags" de nuestra celebración. Porque ahora mismo comienza la cuenta regresiva: Faltan 50 días para nuestro primer año #NoviembreDeAniversario; #AniversarioColofónRevista; #CuentaRegresivaAniversarioColofón

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