miércoles, 2 de diciembre de 2015

Ese asunto ruin, la literatura

Delicado cicerone, Eduardo Gil Bera nos introduce a Joseph Roth (1894-1939) con mínimas palabras. Con tino y prosa contenida, establece el auditorio. Crea sucesivos marcos para que leamos, oigamos, veamos al impaciente, al escritor de genio indomable, al cronista efervescente, al autor que, desde el final de la guerra (1919) y hasta su muerte veinte años después, enfermo y alcoholizado, viajó, deambuló, buscó cómo sobrevivir en distintas ciudades y hoteles de Europa.
Esta canalla de literatura
Eduardo Gil Bera (1957) es traductor de abundante trayectoria, novelista y ensayista (antes de éste, sólo he leído uno de sus libros, Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero, también el producto de un lector y estudioso que no se impone a los textos o a sus fuentes, sino que escribe para convivir con los temas que lo cautivan). Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth  (Editorial El Acantilado, España, 2015) hace ‘presente’ a la persona Roth. Gil Bera resulta un curador: escoge con maestría los fragmentos, los pasajes de cartas y crónicas, los pedazos de testimonios –no faltan los imprescindibles de Soma Morgenstern- que, ensayo tras ensayo, van componiendo a un hombre posible. Porque, y esto quiero decir, le han bastado a Gil Bera estas quince piezas para ofrecernos a un ser humano y a un escritor.
El carácter llameante de su escritura (“Donde me va mal, ahí está mi patria”); el poderío que las pequeñas cosas adquieren en sus narraciones escritos periodísticos (“Lo diminuto de las partes es más impresionante que la monumentalidad de todo”); su desacomodo en casi cualquier lugar y circunstancia (“La mediocridad une a sus adeptos de las más diversas madrigueras”); su insistente machaqueo de tratarse a sí mismo como un renegado (“No es un signo irrelevante que, a finales de mayo de 1913, en una ciudad del rincón más remoto del Imperio austrohúngaro, ya existiera la convicción de que una gran personalidad habría de dar prestigio a Brody y su colegio no tendría que ser, por fuerza y como ordenaba la preceptiva del siglo XIX, un poderoso tratante de lúpulo, ni un destacado militar o un científico relevante, ni siquiera un músico virtuoso o un poeta, sino un periodista”.
Lo haya querido o no Gil Bera, el libro tiene su clímax en el ensayo dedicado a la amistad entre Roth y Stefan Zweig, en particular a las cartas cruzadas hasta que cayó el silencio entre ambos. Visiones del mundo distintas, modos de vivir confrontados cada uno a la hora de la verdad: estas pocas e intensas páginas me han hecho sentir gratitud por el modo en que el cicerone Gil Bera nos permite asistir al espectáculo para el espíritu que es el de dos inteligencias separadas por una realidad que, a comienzos de 1939, ya era irremediable.

Nelson Rivera
@nelsonriverap

Título Original: Libros: Gil Bera & Roth

La primera versión de este artículo se publicó en http://www.el-nacional.com/autores/nelson_rivera/

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