jueves, 19 de noviembre de 2015

Giovanna Rivero o la belleza en lo siniestro

Nacida en Santa Cruz  (Bolivia) y radicada en Gainesville (Estados Unidos, Giovanna Rivero es la autora de una obra consistente producto de la firmeza de su mano y de su entrega absoluta.
Ganadora del Premio Nacional de Literatura de Santa Cruz con Las bestias (1996) y del Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo con Dueños de la arena (2005), se alza imparable con el premio Cosecha eñe con el cuento Albúmina (2015).
Para comerte mejor
Entre sus publicaciones se encuentran Contraluna (2005), Sangre Dulce (2006), La dueña de nuestros sueños (2002) Niñas y detectives (Bartleby 2009), Las camaleonas (2001),  Tukzon, historias colaterales (La Hoguera 2008) y Helena 2022: La vera crónica de un naufragio en el tiempo (Puraletra 2011) y Para comerte mejor (Sudaquia, 2015).
Son doce los cuentos que integran Para comerte mejor, el libro con el que Giovanna Rivero, escritora de verbo fascinante, nos abre paso a lo profundo, a lo fantástico, al inframundo.
Como si del descenso a una mina se tratase, cada cuento es una galería, un dédalo que el lector transita con curiosidad y morbo, con atrevimiento y miedo, enfocando los ojos para adaptarlos a un húmedo claroscuro. La boca de entrada siempre tienta con frases hipnotizadoras. "Te quedás de piedra cuando me ves parada en el umbral" es la primera línea del primer cuento. Contrariando las palabras del personaje el lector avanza en estas ficciones, lee las fantasmagorías que dejan los juegos de luz y sombra, se aterra con una figura monstruosa que en la cercanía resulta ser un juego de estalactitas y estalagmitas bello y brutal. Falsos muertos fantasmas, zombies, vampiros, antropófagos, carne que se descompone, escenarios místicos y futuristas, ciencia ficción telúrica, alcantarillas habitadas por un nuevo flautista de Hamelin, geografía carnívora, semidioses andinos vestidos de súper héroes, infancia acechada, maternidad cercenada, el delirio y la locura, se suceden en estas historias que envuelven a lector en una atmósfera tenebrosa y fascinante. Cada línea es una cinta de doble faz. Por un lado nos conduce a visiones espectrales. Por el otro nos guía a un descenso a nuestros propios recovecos, nuestros laberintos, nuestros fosos.
Festival Ñ 2015
La mina exterior y sus paredes como pantallas. La mina interior y sus paredes de espejo. ¿Cómo es posible que haya lugar para la belleza dentro de tanta sórdida oscuridad? La voz de la autora, su lucidez, su consciencia del lenguaje, su manejo preciso de la metáfora, su capacidad para abrir una palabra en escamas, su pericia para desnudar a la verdad de sus pétalos, su ojo sobre detalles mínimos que luego expande, son las armas convocantes para ello, la luz que ilumina un rincón convenido y que se abre en rayos que proyectan.
En Rivero los escenarios gótico fantásticos son un pretexto para emplazar verdades demoledoras, realidades de hachazo, reflexiones que exudan introspección y agudeza que muchas veces funcionan como cachetada y caricia que despierta y consuela a quien lee.
Así entendemos que la locura contiene brotes de rosas negras hambrientas en invierno, que lo que algunos entienden por amargura y otros traducen como crueldad, es rabia honesta, que la condensación puede convertir a una abuela en idea, que hay una edad en la que el lenguaje se desprende de los objetos y se hace fantasma de uno mismo, que el amor y los árboles, indecisos y crueles, salvan pero también devoran.
Las inteligencias grandes trabajan “ecuacionalmente”, se montan en elipsis como caballos alados, se avientan al abismo como rasgando una tela de Monet, se arriesgan en sinapsis horribles e incomprensibles.
La escritura de Giovanna Rivero es abisal. Es un precipicio al que el lector se entrega con vértigo y dicha, sabiendo que esa caída libre es un viaje a un universo ulterior. De allí no se regresa porque visitar las ficciones de esta autora es dejarse penetrar por ellas.

@LenaYau

Lena Yau

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