sábado, 27 de septiembre de 2014

Ramonet: “La izquierda tardó en entender a Chávez"

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013, el intelectual español presentó Hugo Chávez: Mi primera vida, un perfil de 700 páginas que sintetiza 200 horas de entrevistas con el líder de la Revolución Bolivariana

Foto cortesía: FIL Guadalajara/ Pedro Andrés

Ignacio Ramonet, además de ser uno de los protagonistas de la novena edición del Encuentro Internacional de Periodistas durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013 –donde leyó la conferencia inaugural titulada “La democracia y los medios de comunicación en Hispanoamérica”– fue este fin de semana a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con el objeto de presentar su más reciente libro, Hugo Chávez. Mi primera vida, editado por Penguin Random House. El intelectual español  escribió la obra a partir de unas 200 horas de entrevistas hechas en el espacio de un lustro, justo antes de que Chávez fuera diagnosticado con Cáncer. El libro termina donde comienza la leyenda de Chávez: cuando lo eligen presidente de Venezuela y este la transforma en una república “bolivariana”.
En el volumen de más de 700 páginas de extensión, el presidente y director de la redacción del diario Le Monde diplomatique en español hace un perfil de la etapa formativa del presidente fallecido en marzo. Según escribe el periodista, para entender la original personalidad de Chávez debe comprenderse primero la articulación de sus tres fuentes de saber: “el escolar o teórico; el autónomo o autoeducativo; y el manual o práctico”.
Además del libro sobre Chávez que presentó en la FIL, Ignacio Ramonet también es autor de Fidel Castro: Biografía a dos voces, donde hace una entrevista  perfil del mandatario cubano. El también experto en semiótica señala que Fidel fue crucial en la trayectoria del venezolano porque fue la primera personalidad de izquierda que lo reconoció. Sobre la diferencia de entrevistar a ambos presidentes, Ramonet recuerda que Chávez era más disciplinado que Fidel. “Siempre tenía un equipo que le había preparado todo el material del que íbamos a hablar y nos aislábamos para trabajar. Con Castro nunca pasó eso”.

¿Cuál es el momento definitorio de Chávez intelectualmente?
Cuando entró a la academia militar. También su pequeña infancia pobre de niño campesino es determinante. Tuvo una infancia paupérrima y una adolescencia de clase media, esta experiencia la tuvieron muy pocas personas.

Me refería a su formación cultural.
Chávez no estaba interesado en política hasta la academia, una particularidad que lo distingue de su hermano Adán, que se politizó en la secundaria. Cuando comenzó a formarse como militar, todo lo que había visto en la escuela y lo que había leído en la revista  Tricolor tomó sentido. Entonces empezó a hacerse su biblioteca con libros tan extraños como Pierre Teilhard de Chardin, el jesuita paleontólogo, que es uno de los intelectuales franceses que citaba siempre. Así se hizo su propia cultura.

¿Cómo relaciona la tradición de izquierda latinoamericana con el chavismo?
La izquierda tardó en entender a Chávez porque irrumpió en la historia venezolana con un golpe de estado contra un gobierno dirigido por un presidente socialdemócrata, a Carlos Andrés Pérez. Si su acción hubiera sido desde una guerrilla, aunque estas también tienen un componente militar, sí lo hubieran leído como inserto en la izquierda. Entre sus ejemplos estaban el peruano Juan Velasco Alvarado y el argentino Juan Domingo Perón: los veía como militares progresistas y se inscribía en esta lista, pero el panorama intelectual de América Latina no esperaba a un militar socialista.

Bueno, en la historia de Venezuela el giro de los militares es hacia el fascismo.
Sí, así era. Curiosamente en Venezuela llega a convencer a muchos de que precisamente su opción es la buena, porque el país está en descomposición cuando hace la campaña política. 

Como sabe tanto sobre el país, debe conocer la teoría del “gendarme necesario”, sobre la necesidad de un caudillo que dirija las riendas del país. Es esto lo que es incómodo para la intelectualidad venezolana: el contenido militar vinculado con la imagen de los caudillos tradicionales de la nación.
Claro.

 Hablemos, mejor, de cómo interpreta el Socialismo del Siglo XXI
Es una opción que llega tarde en el itinerario intelectual del presidente Chávez, pero que es democrática, pues este es el primer presidente desde Salvador Allende que quiere hacer una reforma progresista en democracia y no desde el autoritarismo. Su política era una redistributiva en materia de salud, de comunicación, de vivienda y de alojamiento, entre otros temas. Además transfirió el poder a diversas categorías sociales, todo esto condicionado a la prueba electoral, porque a cada proposición había una consulta popular.

¿Cómo mira la interpretación que los sucesores de Chávez hicieron de su legado político en el último año?
Es difícil suceder a Chávez por que fue único en la historia; creó un ciclo histórico en América Latina. Otra de las misiones que se impuso fue promover una nueva generación política ­–como Nicolás Maduro, Elías Jaua, Rafael Ramírez y Diosdado Cabello– pero cuando se murió los dejó a medio formar. La elección de Maduro es lo más razonable que podía hacer Chávez. No ocurrió por azar. La revolución bolivariana descansa sobre unas Fuerzas Armadas politizadas en un partido político que es aún demasiado joven. Por eso hubiese sido más sencillo designar como candidato a un militar, porque automáticamente hubiera tenido el apoyo de los militares. Pero elige a un civil, que no tiene relación con las Fuerzas Armadas; así escogió el camino más difícil. A Maduro esto le cayó  encima: lo ha dicho muchas veces, porque es honesto y sencillo. Y lo está haciendo muy bien, porque ha preservado la cohesión nacional, pero las circunstancias están allí. Pienso que un grupo de la oposición externa e interna al gobierno ha pensado que, ahora que no está Chávez, Maduro no tiene experiencia y que lo van a debilitar.

Entre octubre de 2012 y abril de 2013 el chavismo se erosionó en un millón de votos.
El hecho de que Maduro venciera, aunque fuera solo por un punto es una gran victoria. Capriles hizo una campaña muy inteligente, primero contra el presidente Chávez y luego contra Maduro. El candidato de la oposición ha entendido que no se puede hacer política en Venezuela ahora fuera de los postulados del chavismo. Es decir, ha admitido la victoria hegemónica y cultural del chavismo.

Capriles pertenece a otra generación de políticos.
Totalmente de acuerdo.  Seguí de cerca la campaña de octubre y vi que nunca atacó a Chávez.

¿Y por qué habría de atacarlo?
En cambio, no se ha tenido esa actitud con Maduro. Esta campaña fue muy difícil porque los chavistas estaban golpeados por la muerte de Chávez y a su sucesor no se le conocía. Maduro es un hombre con cordura, sereno y formado para el diálogo y la negociación, como buen sindicalista y diplomático. Ha tratado de avanzar de manera constructiva para el país. Y la oposición ha tratado de deslegitimarlo.

Maduro ofreció un reconteo de votos y no lo hizo.
Con el sistema electoral venezolano no se pueden cometer fraudes. Pero, en todo caso, mi análisis es este: Aunque no era la elección más fácil, cada día, Maduro se está revelando como un presidente más responsable.

En 10 años, ¿Cómo cree que se verá a la figura de Chávez?
Creo que quedará por mucho tiempo, más de una década: dos o tres, quizá. Y, con el tiempo, será una visión positiva, fuera de las polémicas será un período. A Venezuela le pasará como a Argentina con Perón. Claro, hay todos los peronismos posibles y con Chávez pasará igual.

@michiroche

sábado, 13 de septiembre de 2014

Horacio Oliveira: Intelectualidad y existencia en Cortázar

Rayuela. Julio Cortázar. 1963

Fiel al juego de espejos que tanto obsesionaba a Cortázar, en el que las personas o situaciones reflejaban otras invertidas o con leves variantes –y que en su narrativa corta puede verse en “Todos los fuegos el fuego” o en “La noche boca arriba”–, el protagonista de Rayuela, Horacio Oliveira es tanto la representación de lo que el autor argentino consideraba hace 50 años que debía ser un intelectual, como también a la imagen de las polaridades principales que se esconden en el fondo de la existencia humana que también corresponden al objeto de reflexión de un pensador.
Durante un foro realizado en Caracas el martes pasado para conmemorar el medio siglo de la edición de Rayuela, el narrador Oscar Marcano explicó que Cortázar creía que la realidad cotidiana del mundo enmascaraba una realidad más humana, como si una fuera la imagen reflejada en un espejo de la otra. Yo, que lo escuchaba, pensé en dos mundos paralelos que se unen por una serie de equivocaciones y alguno que otro trompe l'oeil. Pensé en que el juego del avioncito –la rayuela, dirían en Argentina– que se parece a la línea del horizonte sobre la cual los seres humanos saltan en un pie o descansan sobre los dos.
Por eso, me parece que la configuración intelectual de Oliveira recuerda a las ideas expresadas por existencialistas cruciales del siglo pasado, como el humanista rabioso que fue Jean Paul Sartre, convencido como estaba este de que los hombres –a través de sus ideas tanto como de sus pasiones– eran los ordenadores del sentido del mundo. Aunque quizá, en el talante erudito de Oliveira es más evidente la influencia de Martín Heidegger, por cuanto en su libro El ser y la nada (1929) el filósofo alemán analizó la existencia humana como una ventana por medio de la cual se podía ver al ser, como si una y otra condición –existir y ser– pudieran ser separadas en dos categorías aprehensibles de diferentes maneras. En esta reflexión Heidegger se adelantó casi cuarenta años a al psicólogo Jacques Lacan, que a partir del estudio del lenguaje formuló tres estadios de la experiencia humana: el imaginario, la realidad y lo real. El primero se refiere al carácter de lo simbólico y es el más íntimo, pues allí el sujeto produce sus imágenes y asociaciones personales. El segundo se refiere al intercambio simbólico social, con el lenguaje y la comunicación como grandes estructuradores de la experiencia de la comunidad. El tercero, el de lo real, es un ámbito mucho más abstracto que los dos anteriores porque no tiene un lugar específico, más bien se refiere a todo lo que está fuera de la percepción humana, a todo aquello que por no poder ser nombrado ni comunicado se mantiene fuera del intercambio simbólico.
La relación que se establece entre la realidad y lo real –es decir: lo representado y lo que no– es la misma que se establece entre los dos mundos que propone Cortázar: la realidad cotidiana y la más humana a las que aludiera Marcano. “Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla. Por leerla entendamos generarla. ¿A quién le importa un diccionario por el diccionario mismo? (…) Qué inútil tarea la del hombre, peluquero de sí mismo, repitiendo hasta la náusea el recorte quincenal, tendiendo la misma mesa, rehaciendo la misma cosa, comprando el mismo diario, aplicando los mismos principios y las mismas conjeturas”, escribe Cortázar en la “Morelliana” del capitulo 71.
Anclado en estas ideas del lenguaje e idioma –debe recordarse que Cortázar escribió su novela en castellano mientras vivía en París, exiliado en una nación cuyo idioma tuvo que aprender– no parece casual que Rayuela fuera principalmente una revolución tan radical en la estructura y en la expresión escrita. Rayuela, es su estructura por cuanto es la forma la que construye las ideas del personaje y el resquebrajamiento de la estructura tradicional de la novela sólo buscaba evidenciar, debajo de los pedazos rotos, lo que Cortázar creía que era la irrepresentable realidad “más humana”.
He allí la labor del intelectual que proclamara con su novela Cortázar: mostrar lo real, lo que carece de representación, aquello que por comodidad o por miedo, los seres humanos han querido ocultar. ¿Qué había debajo de todos esos pedazos rotos de realidad? ¿Qué experiencia de lo real han querido las sociedades occidentales enmascarar? Cortázar no nos dice, prefiere que cada lector se responsabilice por sus conclusiones, afronte sus propios temores íntimos.


(Primera edición 20 junio 2013: http://www.el-nacional.com/blogs/colofon/Intelectualidad-existencia-Cortazar_7_211848817.html)

Michelle Roche Rodríguez
@michiroche